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Número 10
11 de agosto de 2025
El cerebro predictivo. Los secretos del tiempo y el ritmo
Por: Victor de Lafuente, Marisol Espinoza Monroy, Ana M. Malagón, Karla Mercado y Mildred Salgado Ménez
¿Alguna vez te has preguntado cómo logramos seguir el ritmo de una canción, aplaudir al compás o incluso predecir cuándo cambiará el semáforo a verde? Estas habilidades aparentemente simples esconden un sofisticado mecanismo cerebral que nos permite no sólo reaccionar al mundo sino anticiparlo. La capacidad de medir el tiempo y predecir cuándo ocurrirán los eventos es fundamental para nuestra vida diaria. Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro poseía una especie de reloj interno dedicado exclusivamente a medir el tiempo. Sin embargo, investigaciones recientes de nuestro laboratorio en el Instituo de Neurobiología de la UNAM sugieren una perspectiva diferente y fascinante. La habilidad para manejar el tiempo y el ritmo podría no depender de un reloj especializado, sino de una capacidad cerebral mucho más general y poderosa: la de predecir activamente el mundo que nos rodea. Nuestro cerebro constantemente construye modelos internos de cómo funciona el mundo, ejecutando simulaciones para anticipar lo que vendrá después. Esta idea cambia nuestra visión del cerebro: de un órgano que reacciona a estímulos, a uno que predice activamente su entorno para generar comportamientos anticipatorios.
PREDICCIÓN, LA CLAVE PARA NO PERDER EL RITMO
Imagina que escuchas una serie de golpes regulares como el tic-tac de un reloj. Tu cerebro no sólo registra cada sonido, sino que predice cuándo ocurrirá el siguiente. Si el ritmo se altera ligeramente, notas la irregularidad casi de inmediato. ¿Cómo detecta esto nuestro cerebro? Nuestros estudios sugieren una estrategia ingeniosa: el cerebro parece comparar continuamente sus predicciones sobre cuándo debería llegar el siguiente estímulo con el momento en que este realmente llega. La diferencia entre lo esperado y lo real es lo que llamamos un “error de predicción”.
En experimentos con humanos y monos observamos que acumular estos errores de predicción es clave para identificar si un ritmo es regular o irregular. Por ejemplo, cuando los intervalos entre sonidos eran variables, los participantes reconocían rápidamente el ritmo como irregular. Sin embargo, cuando las variaciones eran mínimas tardaban más en decidirse y cometían errores porque los pequeños desfases entre la predicción y la realidad eran difíciles de detectar. Esto sugiere que nuestro cerebro no espera a que ocurra un error evidente, sino que suma pequeñas diferencias a lo largo del tiempo hasta que alcanzan un umbral que nos hace reaccionar.
UN METRÓNOMO COMPARTIDO ENTRE ESPECIES
¿Es exclusivamente humana la capacidad de mantener un ritmo? Para averiguarlo diseñamos una tarea en la que tanto humanos como monos Rhesus observaban un metrónomo visual que alternaba entre la izquierda y la derecha de una pantalla. Después de tres ciclos, el metrónomo desaparecía y los participantes debían estimar su posición actual basándose sólo en el tiempo transcurrido (figura 1). Los resultados mostraron que ambos grupos lograron mantener internamente el ritmo. Sin embargo, gracias a su entrenamiento intensivo, los monos mostraron una precisión superior a la de los humanos en esta tarea. Esto indica que la habilidad para generar “relojes internos” —sin movimientos físicos— es una capacidad evolutivamente conservada. Al analizar los errores en la conducta observamos que tanto monos como humanos tendían a adelantarse en ritmos lentos y a atrasarse en los rápidos, lo que sugiere que ambas especies utilizan un modelo predictivo basado en la acumulación de errores de predicción.
Figura 1. Metrónomo visual
Un círculo alterna a la izquierda y derecha de un punto donde los participantes fijan la vista. El círculo alterna tres veces (etapa visible) y después desaparece (etapa no visible). Los participantes deben ser capaces de seguir la posición del círculo (derecha o izquierda) aun cuando ya no sea visible.
EL ÁREA MOTORA SUPLEMENTARIA: MÁS QUE SÓLO MOVIMIENTO
¿Qué sucede en el cerebro cuando mantenemos un ritmo interno? Como punto de partida para contestar esta pregunta, registramos la actividad neuronal en una zona de la corteza conocida como área motora suplementaria, una región tradicionalmente asociada al control y planificación de movimientos (figura 2). Los resultados muestran que incluso cuando los monos estaban quietos siguiendo mentalmente el metrónomo invisible, esta región cerebral generaba patrones de actividad como si estuvieran realizando movimientos alternantes (figura 3). Observamos que la actividad se aceleraba para ritmos rápidos y se ralentizaba para ritmos lentos, reflejando el tempo que el mono mantenía mentalmente. Al analizar los errores pudimos ver cómo la actividad neuronal predecía si el metrónomo interno del mono se estaba adelantando o retrasando respecto del ritmo real.
Figura 2. Área motora suplementaria
El área motora suplementaria en el cerebro de los monos ayuda a planear los posibles eventos y movimientos futuros del cuerpo.
Figura 3.
La actividad eléctrica del cerebro oscila con el mismo ritmo que el metrónomo interno. Arriba se observa un espectrograma que indica el incremento rítmico de la potencia de las oscilaciones gama (~40 Hz). El panel de abajo muestra trazos de voltaje individuales, con marcados incrementos en la frecuencia gama asociados al ritmo con el cual el estímulo no-visible cambia de posición.
El hecho de que un área relacionada con el movimiento esté tan activa durante una tarea puramente mental de seguimiento de ritmo apoya la idea de que el cerebro podría usar simulaciones de movimientos (imaginar mover la mano de un lado a otro) como una forma de medir el tiempo. Además, observamos que la intensidad de esta actividad rítmica aumentaba cuanto más tiempo pasaba desde el inicio de la prueba, sugiriendo que el área motora suplementaria no sólo marca los intervalos, sino que también podría llevar una cuenta del tiempo total transcurrido (figura 3). Aunque los monos no movían sus manos, sus neuronas reproducían mentalmente los movimientos alternantes del metrónomo como si estuvieran ensayando el ritmo en su mente. Este hallazgo vincula directamente la planificación motriz con la percepción temporal, reforzando la idea de que el sistema motor no sólo ejecuta acciones, sino que también sirve como una herramienta para predecir y modelar el mundo.
EL SISTEMA MOTOR NO SÓLO EJECUTA ACCIONES, SINO QUE TAMBIÉN SIRVE COMO UNA HERRAMIENTA PARA PREDECIR Y MODELAR EL MUNDO
SIMULAR EL FUTURO, LA ESTRATEGIA MAESTRA DEL CEREBRO
Estos hallazgos nos llevan a una hipótesis unificadora: quizás el cerebro no necesita un reloj dedicado. En cambio, podría estar utilizando su asombrosa capacidad para simular internamente eventos futuros. En nuestros experimentos más recientes fuimos un paso más allá y registramos también la actividad en áreas visuales del cerebro (específicamente, el área V4) durante la tarea del metrónomo. Sorprendentemente, encontramos que incluso esta área visual, responsable de procesar lo que vemos, mostraba actividad rítmica sincronizada con el metrónomo interno, aun cuando no existían estímulos visibles en la pantalla. Esto sugiere que, para mantener el ritmo, el cerebro podría estar recreando o simulando internamente tanto los estímulos sensoriales (imaginar el punto visual apareciendo a izquierda y derecha) como las acciones motoras asociadas (imaginar mover los ojos o la mano). En esencia, el cerebro genera un modelo predictivo completo de la tarea.
LA ESENCIA DE LA INTELIGENCIA NO ESTÁ EN REACCIONAR, SINO EN ANTICIPAR
CONCLUSIÓN
Estas investigaciones de nuestro laboratorio apuntan a que nuestras habilidades para medir el tiempo y percibir el ritmo son manifestaciones de la capacidad fundamental del cerebro para modelar y predecir el mundo. En lugar de simplemente reaccionar, nuestro cerebro está constantemente anticipando, utilizando modelos internos para generar comportamientos que no son sólo
responsivos, sino predictivos. Comprender esto no sólo redefine cómo pensamos sobre el tiempo en el cerebro, sino que también arroja luz sobre cómo planificamos, anticipamos y nos relacionamos de forma proactiva y dinámica con nuestro entorno. La próxima vez que sigas el ritmo de una canción, recuerda que no sólo estás escuchando, sino que tu cerebro está activamente prediciendo y simulando el futuro. Como sugieren estos estudios, la esencia de la inteligencia no está en reaccionar, sino en anticipar.
Lecturas recomendadas
Cadena-Valencia, Jaime; García-Garibay, Otto; Merchant, Hugo; Jazayeri, Mehrdad & de Lafuente, Victor (2018). “Entrainment and maintenance of an internal metronome in supplementary motor area.” eLife 7. https://doi.org/10.7554/elife.38983.
De Lafuente, Victor; Jazayeri, Mehrdad; Merchant, Hugo; García-Garibay, Otto; Cadena-Valencia, Jaime & Malagón, Ana M. (2024). “Keeping time and rhythm by internal simulation of sensory stimuli and behavioral actions.” Science Advances 10(2). https://doi.org/10.1126/sciadv.adh8185.
Espinoza-Monroy, Marisol & de Lafuente, Victor (2021). “Discrimination of Regular and Irregular Rhythms Explained by a Time Difference Accumulation Model.” Neuroscience 459. https://doi.org/10.1016/j.neuroscience.2021.01.035.
García-Garibay, Otto; Cadena-Valencia, Jaime; Merchant, Hugo & de Lafuente, Victor (2016). “Monkeys Share the Human Ability to Internally Maintain a Temporal Rhythm.” Frontiers in Psychology 7. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2016.01971.
Marisol Espinoza Monroy, Ana M. Malagón, Karla Mercado, y Mildred Salgado Méndez son estudiantes en el Instituto de Neurobiología, campus Juriquilla de la UNAM.
Víctor de Lafuente es investigador titular a cargo del Laboratorio de Sistemas Sensoriales y Planeación Motora en el Instituto de Neurobiología, campus Juriquilla de la UNAM.
Este trabajo fue posible gracias a la UNAM, por medio del programa PAPIIT que nos ha brindado apoyo de manera ininterrumpida (proyecto actual: IN207325).