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12 de agosto de 2025

Ilusiones visuales. ¿Qué nos pueden enseñar?

Por: Oxána Bánszegi y Marcos Rosetti
Para nosotros ver es sencillo y no requiere de gran esfuerzo; es algo que hacemos todo el tiempo mientras estamos despiertos. Sin lugar a dudas, la vista es uno de nuestros sentidos más importantes. Sin embargo, nadie ve el mismo entorno exactamente de la misma forma, porque no solemos percibir la realidad objetivamente, sino aquellas partes que nuestro cerebro considera relevantes. La vista se siente tan natural que rara vez nos detenemos a pensar en los complejos y aún poco entendidos mecanismos detrás de la vista. Nuestros ojos funcionan como las cámaras: cuando la luz ingresa a ellos activa los fotorreceptores sensibles a la luz de la retina. Luego esta energía lumínica se convierte en señales eléctricas que viajan hacia el cerebro y, una vez que llegan a la corteza visual, emerge una representación de lo que estamos viendo. Pero ahora sabemos que no sólo la corteza visual se ve involucrada en este proceso: se han identificado al menos treinta áreas diferentes del cerebro de los primates que participan en el proceso visual.

Entonces, si ver es tan simple, ¿por qué requiere de tanto poder de procesamiento cerebral? Porque cada segundo que estamos despiertos nuestro cerebro debe construir una representación del mundo tridimensional basándose en información que es bidimensional, que está incompleta y se encuentra en constante cambio. Además, esta información debe ser comparada en tiempo real con recuerdos y experiencias anteriores. En otras palabras, nuestro sistema visual interpreta el mundo que nos rodea. No obstante, esto significa también que no vemos el mundo como realmente es, sino sólo aquello que nos es útil ver. Como todo complejo sistemático, la visión está lejos de ser perfecta. ¿Cuántas veces has oído la expresión “Lo veo y no lo creo” o te dijiste a ti mismo “Esto es real o me lo estoy imaginando”? A veces, surge una discrepancia entre lo que percibimos visualmente y la realidad. Cuando no percibimos correctamente las características físicas de un objeto lo llamamos ilusión visual.

Se cree que las ilusiones visuales son resultado de la adaptación a largo plazo de nuestro sistema visual respecto del ambiente. Por ello las percepciones ilusorias se sienten a veces tan reales como la percepción verdadera, al grado de ser prácticamente indistinguibles de la realidad. Incluso cuando sabemos que lo que ven nuestros ojos no es real, no podemos simplemente “apagar” esa ilusión. Nuestros cerebros persisten en interpretar la entrada visual de la misma forma en la que se les ha enseñado que lo hagan durante años.

Una ilusión visual famosa, observada por miles de años, es la ilusión de la Luna. La Luna parece ser más grande cuando está cerca del horizonte que cuando está en lo alto del cielo. Sin embargo, esta aparente diferencia de tamaño es completamente ilusoria: sucede sólo en nuestras mentes. Pero ¿por qué vemos a la Luna así? En realidad nadie lo sabe con certeza. Una posible explicación es que nuestro cerebro interpreta el tamaño de la Luna en función de otros objetos en el paisaje, como árboles o edificios, con cuyas dimensiones estamos más familiarizados. Cuando la Luna está cerca de estos objetos, nuestro cerebro puede asumir que está más cerca y por lo tanto aumenta su tamaño. Por el otro lado, cuando la Luna está en lo alto del cielo, no existe ningún punto de referencia cercano, lo cual dificulta que determinemos su magnitud y esto hace que parezca más pequeña.

NADIE VE EL MISMO ENTORNO EXACTAMENTE DE LA MISMA FORMA

La historia de las ilusiones visuales se remonta a la época antigua. En el siglo V A.E.C., los filósofos griegos empezaron a explorar este fenómeno. Epicarmo fue uno de los primeros en sugerir que mientras la mente entiende cosas con lucidez, los sentidos pueden traicionarnos y fabricar ilusiones. En contra de lo que decía Epicarmo, Protágoras creía que el ambiente nos traiciona por sí mismo, no nuestros sentidos. Después Aristóteles contribuyó a una perspectiva más esclarecida, concordando con Protágoras en que generalmente podemos confiar en que nuestros sentidos nos brindan una imagen confiable de la realidad, pero también argumentando que los sentidos pueden ser burlados fácilmente. El siglo xix representó una edad de oro para el estudio científico de las ilusiones visuales. Durante dicho periodo, los investigadores se enfocaron principalmente en las ilusiones ópticas de cuerpos geométricos, un fenómeno visual en el cual la percepción del tamaño, longitud, ángulo, color o inclinación de un objeto se distorsiona por la presencia de otros elementos visuales. Muchas de estas ilusiones fueron nombradas en honor a los investigadores que las describieron, como Ebbinghaus o Titchener (1901), Delboeuf (1865), Mach (1865), Müller-Lyer (1889), Poggendorff (1860) y Zöllner (1860).

SE CREE QUE LAS ILUSIONES VISUALES SON RESULTADO DE LA ADAPTACIÓN A LARGO PLAZO DE NUESTRO SISTEMA VISUAL RESPECTO DEL AMBIENTE

¿Por qué es importante para la ciencia, la psicología y la medicina estudiar las ilusiones visuales? Porque depende de los individuos cómo procesar la información sensorial. Las personas con condiciones de neurodesarrollo como el desorden del espectro autista, el desorden de déficit de atención o hiperactividad o la esquizofrenia, a menudo experimentan el mundo de formas diferentes debido en parte a sus variados procesos sensoriales. Estas diferencias pueden reflejar desequilibrios en cómo la información es integrada e interpretada por el cerebro, lo cual conduce a experiencias de percepción únicas que no experimentan las personas neurotípicas. En nuestro grupo de investigación usamos cotidianamente ilusiones visuales para estudiar el desarrollo y bases neurales de la percepción tanto en humanos como en animales. A través de un esfuerzo colaborativo entre el Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz y el Hospital Psiquiátrico Infantil Doctor Juan N. Navarro, investigamos actualmente cómo el sexo (en alusión a las diferencias biológicas) y el género (en referencia a los roles e identidades de construcción social), la edad, el tiempo de uso de pantallas y el estilo de vida son factores que afectan la susceptibilidad a ilusiones visuales específicas.
Oxána Bánszegi es doctora en etología por la Eötvös Loránd University de Hungría. Es investigadora titular en el Departamento de Biología Celular y Fisiología del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM. Le interesa el desarrollo del comportamiento de los animales, incluyendo la cognición, desde una perspectiva evolutiva.

Marcos Rosetti estudió biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM y realizó el doctorado en computación e inteligencia artificial en la Universidad de Sussex, Reino Unido. Su investigación se enfoca en distintos aspectos de la conducta humana. Lidera la Unidad de Psicopatología y Desarrollo del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM en el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz.
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