Entrevista
Número 11
10 de diciembre de 2025
Cultura y comunidad: espacios para la educación, el diálogo y la participación. Entrevista con Eduardo Vázquez Martín
Por: Ximena Gómez y Carlos Maza
Eduardo Vázquez Martín
UNAM Internacional: Sabemos que la UNAM comparte la gestión del Colegio de San Ildefonso con el gobierno federal y el de la Ciudad de México; que es un mandato tripartita, pero ¿cómo funciona?
Eduardo Vázquez Martín: El mandato nace en 1992 para gestionar la gran exposición
México: Esplendores de treinta siglos. La repercusión cultural y política de aquella muestra, que se lleva a cabo en el contexto de la conmemoración de los quinientos años del “descubrimiento de América” y la inminente integración de nuestro país al Tratado de Libre Comercio con América del Norte, propicia que los involucrados en su realización —el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), nuestra universidad y el Departamento del Distrito Federal— se propongan darle continuidad a la nueva vocación museológica del Colegio. Treinta y dos años después de aquella exposición, el Colegio de San Ildefonso es gestionado por estas mismas tres instituciones: un organismo autónomo, una institución federal y un gobierno local. Se trata de un modelo institucional con las complejidades particulares de una gobernanza compartida y una administración que combina recursos de orígenes distintos, cada uno sujeto a normatividades específicas. La gobernanza interinstitucional de San Ildefonso es una experiencia valiosa, que para su funcionamiento requiere necesariamente del diálogo, el consenso y la coordinación entre estructuras públicas de diferente naturaleza.
UNAM Internacional: De ahí la figura del mandato.
EVM: Hay que reconocer que después de estos treinta años de funcionamiento del mandato, la vida cultural en México ha registrado cambios profundos y su infraestructura también se ha multiplicado. Hace tres décadas, por ejemplo, la UNAM no contaba con el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), el gobierno federal no había concluido el Centro Nacional de las Artes ni existía el Complejo Cultural Los Pinos. Tampoco se habían construido los grandes museos privados que hoy conocemos en Monterrey, Puebla o la Ciudad de México. En estas tres décadas pasamos del Conaculta a la Secretaría de Cultura; del Departamento del Distrito Federal a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México —mientras que la antigua Socicultur (Dirección de Acción Social, Cívica y Cultural) se transformó, primero, en Instituto de Cultura de la Ciudad de México y, a partir de este siglo, en Secretaría de Cultura del Gobierno de la CDMX—.
A principios de los noventa, los mandantes del Antiguo Colegio de San Ildefonso lo concebían no sólo como un espacio común, sino como aquel que contaba, de entre toda la infraestructura cultural del país, con las mejores condiciones físicas y de localización para llevar a cabo las exposiciones más emblemáticas, tanto de carácter nacional como internacional. Esto se ha modificado con el paso de los años y la multiplicación de la infraestructura cultural. Por eso resulta pertinente, en este momento, reconsiderar el diseño institucional y renovar su vocación
Escuela Nacional Preparatoria
Fotografía: Archivo Histórico de la UNAM (ahunam)
UI: Pero, a pesar de los cambios, San Ildefonso sigue siendo una referencia cultural obligada.
EVM: El proyecto cultural y museológico que dio inicio hace más de tres décadas le ha permitido prevalecer como un espacio de arte público, abierto a la sociedad y a los visitantes nacionales y extranjeros. Pero el valor simbólico de San Ildefonso es mucho más amplio y profundo: es, para empezar, uno de los primeros proyectos educativos del virreinato, que emerge dentro de la poligonal del antiguo Templo Mayor de Tenochtitlan, a pocos metros del Calmécac, donde era instruida la joven nobleza mexica antes de la conquista. En la Nueva España, los jesuitas se propondrán como misión formar a la élite criolla y a la entonces incipiente clase mestiza de mercaderes —a diferencia de lo que sucedería en el Colegio de Tlatelolco, donde los franciscanos instruirían a la nobleza indígena integrada al proyecto virreinal—. La vocación jesuita por la excelencia y la verdad supusieron también el desarrollo de un proyecto educativo no del todo sujeto a los intereses de la corona, por el que circularán por el Antiguo Colegio, también, visiones no del todo ortodoxas, que con el tiempo llegarán a incluir parte del pensamiento ilustrado.
Alumnos San Ildefonso ca.1930
Fotografía: ZONA Octavio Paz
Mucho tiempo después, cuando la expulsión de los jesuitas era ya historia, la independencia se había consolidado y la República restaurado, este espacio se convertirá en la sede de la Escuela Nacional Preparatoria, impulsada primero por Gabino Barreda, durante el juarismo, y después por Justo Sierra, ya en el porfiriato. Aquella escuela, donde el pensamiento científico y la educación laica encaminaban a México por el sendero de la modernidad, creó su propia antítesis crítica, encarnada en el Ateneo de la Juventud, un grupo conformado por nuevos intelectuales y artistas que pensaban que la prevalencia del positivismo y el cientificismo había extraviado el sentido humanista de la educación y la cultura. Será esa generación —a la que pertenecían, entre otros, José Vasconcelos y Diego Rivera—, la que levantará, también desde San Ildefonso, el proyecto educativo y cultural de la Revolución mexicana. Como consecuencia de la Revolución de 1910-1917, San Ildefonso será otra vez epicentro del proyecto educativo del nuevo poder: en sus aulas, la escuela mexicana de la Revolución ensayará sus más ambiciosos programas pedagógicos, siempre de carácter científico y social, histórico y humanista, y en sus paredes nacerá el movimiento muralista que dará pie a la “escuela mexicana de pintura”, cuyo impacto en el arte moderno del siglo XX será definitivo.
UI: Señalabas esta vinculación de San Ildefonso con la educación de las élites desde su origen más lejano. ¿Cómo se transforma hasta convertirse en el espacio de acceso, de inclusión que es hoy?
EVM: Es consecuencia directa del proceso revolucionario que inicia en 1910 y de la consolidación del proyecto constitucionalista que lleva a cabo el presidente Álvaro Obregón entre 1920 y 1924; pero el carácter específico de la transformación de la Escuela Nacional Preparatoria no se puede entender sin la visión de José Vasconcelos, como tampoco se puede soslayar la presencia del joven marxista Vicente Lombardo Toledano, que como director de la Escuela abre el turno vespertino para hacer accesibles las aulas de San Ildefonso a los jóvenes obreros y trabajadores.
Conviene también insistir en que antes de su etapa revolucionaria y posrevolucionaria, el Colegio no fue sólo un recinto destinado a la educación de las élites; fue también un refugio para muchas manifestaciones disidentes del pensamiento dominante de su época. Se sabe que algunos de los libros prohibidos que leyó Sor Juana y que le compartía su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, provenían de la biblioteca del Antiguo Colegio; también que por aquí pasaron Miguel Hidalgo y José María Morelos. La revolución liberal, que convierte a San Ildefonso en la Escuela Nacional Preparatoria, va a educar a grupos todavía reducidos de bachilleres, pero lo hará con una idea mucho más amplia e incluyente. La Escuela Nacional Preparatoria que instituye Benito Juárez en 1867 es propia de una república liberal de ciudadanos, ya no de súbditos de una monarquía.
Diego Rivera pintando su mural “La Creación”, 1922
Fotografía: Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo
La historia del Colegio es también la de las batallas educativas y culturales que transformaron el siglo XX: el debate por el sentido del proyecto educativo de la Revolución, que tiene en la controversia entre Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano un alto punto de intensidad, sucedió en este Colegio; la lucha por la autonomía universitaria, votada en el patio central por una multitud entusiasmada, tiene como escenario central la Escuela Nacional Preparatoria. El movimiento estudiantil y popular de 1968 tuvo en San Ildefonso un foco importante, lo que lleva al gobierno de Díaz Ordaz a ordenar al ejército atacar el recinto para someter a los jóvenes que se manifestaban contra la represión y por la libertad.
La vocación pública del colegio ha evolucionado con los años, siempre de manera complementaria a su vocación educativa, como un espacio histórico ligado al pensamiento crítico, al arte moderno, a la libertad de pensamiento, al debate libre de las ideas y al intercambio de saberes.
Hoy la idea del museo como una herramienta eficaz de divulgación del arte y la cultura, como tantas otras instituciones de nuestro mundo, está también cuestionada y esto se debe a que ha dejado en el camino a muchísimos excluidos —mujeres, pueblos originarios y afrodescendientes, clase trabajadora, diversidades sexogenéricas, personas con discapacidades o neurodivergencias, etc.—, pero, sobre todo, porque los nuevos poderes hegemónicos, industriales, políticos y militares se han propuesto mudar el debate de las ideas, los valores, los gustos y el sentido mismo de la vida, de los espacios físicos de la educación y la cultura a los de la virtualidad cibernética, donde el manejo de las disidencias y el control de las masas les resulta mucho más eficaz y conveniente.
UI: Estos nuevos escenarios plantean retos importantes a quienes realizan promoción cultural. ¿Cómo lo estamos haciendo? ¿Cómo estamos manejando el tema del acceso a los bienes culturales, el diálogo con las nuevas diversidades y la transformación de los escenarios del arte y la cultura?
EVM: Estamos en una crisis generalizada que en el ámbito cultural provoca la precarización de toda las cadenas creativas y generadoras de valor, tanto de las economías creativas como de los recursos públicos para la cultura. La acción cultural sigue siendo escenario de un proceso intenso de creación crítica y resignificación del mundo, pero las sociedades y los estados han rebajado la importancia de la cultura en su proceso de desarrollo. La cultura y el arte son todavía el principal activo que tienen las sociedades para enfrentar las condiciones de adversidad que nuestro mundo vive, pero la institucionalidad está acotada por una visión que reduce su importancia a su instrumentalización política en cuanto espacio potencial de propaganda y legitimidad. Esta manera de entender la vida cultural provoca su precarización, le resta autonomía y la sujeta a la voluntad política —o bien la hace dependiente de los poderes económicos—.
A mí me parece que, en términos sociales y políticos, padecemos una devaluación general del valor de la cultura, justamente porque estamos invirtiendo mucho menos de lo que necesitamos; menos también de lo que podríamos invertir sin grandes sacrificios presupuestales, pero con inmensos beneficios sociales.
Recorrido inaugural, jueves 26 de noviembre de 1992
Fotografía: La Jornada, 1992
UI: A pesar de ello, se sigue considerando que nuestro país es una potencia cultural.
EVM: Sin embargo, desde el gobierno de Enrique Peña Nieto a la fecha, ha bajado muchísimo la actividad cultural del Estado. Después ha prevalecido un malentendido que no terminamos de dilucidar, que es el de pensar que hay que apostar entre dos alternativas supuestamente excluyentes: la alta cultura o la cultura popular. Sé que estoy reduciendo un debate que es más complejo, pero me parece que esta visión bipolar distorsiona radicalmente las dinámicas de la vida cultural, porque la realidad es que la cultura es un gran ecosistema intercomunicado que se retroalimenta, sobre todo, de su diversidad.
En tiempos de crisis civilizatoria, de cambio climático, de guerras y conflictos, uno de los espacios humanos que siempre ha respondido con mayor efectividad y del que disponemos también ahora, es justamente el del arte y la cultura. Es desde aquí desde donde el pensamiento crítico y la imaginación creadora pueden ser capaces de concebir otros futuros deseables, si no necesariamente utópicos, por lo menos no apocalípticos. En el momento en que debería haber muchos recursos públicos y sociales para reencauzar el curso de nuestro desarrollo, padecemos la precarización de la cultura.
UI: En los últimos años iniciativas privadas como las que ya mencionaste —la Fundación del Museo Jumex desde hace décadas, el Museo Soumaya más recientemente, los espectáculos multimedia sobre arte que se presentan en el Monumento a la Madre— invierten en cultura. ¿Están modificando este panorama? ¿Ofrecen oportunidades de acceso a la “gran cultura”, pero con un punto de vista no tan crítico?
EVM: Estoy en contra del prejuicio. Todo abona y la vitalidad tiene formas de manifestación diversa.
Noche de baile en San Ildefonso
Fotografía: Cultura UNAM
UI: Quizás es una forma de acercar el arte a personas que no se atreverían a ir a un museo.
EVM: Es cierto que los museos, como los teatros o las salas de concierto, son territorios a los que no todo el mundo se siente invitado. Esto es así por diversas razones, desde económicas hasta sociales, culturales y de accesibilidad. A las instituciones que los gestionan y a sus cuerpos directivos nos corresponde hacer más permeables los accesos, eliminar barreras y lograr que todos los ciudadanos nos sintamos invitados. Pero los museos son en principio lugares hospitalarios y abiertos, donde se viven experiencias significativas y transformadoras. De lo que se trata es de socializar el ejercicio de la observación y la escucha, del asombro y la crítica. Lo que no es deseable es que estos espacios terminen reproduciendo la lógica del espectáculo, de la
selfie y el algoritmo, del consumo acrítico, y lleguen a banalizar los espacios culturales hasta hacerlos tan irrelevantes como un
reel.
UI: ¿La cultura puede contribuir a que disminuyan las desigualdades, los enconos?
EVM: Por supuesto. El arte y la cultura no sólo funcionan a nivel de lo simbólico. Desatan procesos individuales, colectivos, políticos, comunitarios y también económicos. Porque la cultura es en esencia la manifestación de lo diverso, es también una forma de ejercicio democrático y de pluralidad política, pero se trata de una pluralidad que se expresa a través de adhesiones diferentes al ejercicio del poder y la política; sin la libre manifestación de la diversidad cultural la democracia está acotada. No podemos suponer que la democracia sólo se expresa a través de cinco o seis partidos políticos y dos o tres ideologías. Lo que sucede en el mundo de la cultura es un intenso ejercicio democrático pues tiene que ver con manifestaciones mucho más diversas y dinámicas de la pluralidad social y su expresión y libre desarrollo son esenciales para la salud pública.
Noche de baile en San Ildefonso
Fotografía: Colegio de San Ildefonso
UI: ¿Puedes abundar sobre el tema de acceso y participación?
EVM: Creo que hay que abrir la gobernanza de la cultura a la diversidad; las comunidades culturales y sociales deben participar en el diseño, la operación y la evaluación de las instituciones y recintos culturales. Tenemos que crear formas de permeabilidad y de participación más amplias. Se necesita también una política económica y hacendaria que favorezca el desarrollo del emprendimiento cultural independiente. Hay que crear condiciones que favorezcan la multiplicación de librerías, editoriales, grupos de danza y teatro, salas de concierto, galerías y museos independientes. No todo debe ser resuelto por mayor inversión pública; no es la única solución, aunque es urgente por lo menos duplicarla; necesitamos inventar también procesos de cogestión y cogobernanza, pero también garantizar una activa, e idealmente próspera, vida cultural independiente.
Noche de baile en San Ildefonso
Fotografía: Colegio de San Ildefonso
Una exhibición fundacional
UNAM Internacional
El espacio de siglos dedicados a la educación renació en noviembre de 1992 para albergar una visión general, abarcadora y muy ambiciosa de la historia de México contada por sus objetos, que había sido presentada primero en el célebre Museo Metropolitano de Nueva York, luego en San Antonio, Los Ángeles y Monterrey. Dicha magna exposición conformada por 375 objetos de gran valor histórico y cultural contaba el relato de un México nuevo, próspero y desarrollado, que empezaba a hablar frente a frente con las grandes potencias de esa época notable, en la que el mundo comenzaba a cambiar de fisonomía.
La exposición incluía piezas centrales en la historia del arte mexicano, desde un antiquísimo jaguar olmeca en piedra, estelas mayas y una serpiente emplumada, hasta la cruz atrial de la Antigua Basílica de Guadalupe, frescos, pinturas y esculturas coloniales —barrocos, neoclásicos, manieristas—, grabados de Posada y obras del muralismo posrevolucionario del arte mexicano de las vanguardias del siglo xx, y estuvo acompañada por un programa de conferencias con participación de Miguel León Portilla, Eduardo Matos Moctezuma, Raquel Tibol y otras destacadas personalidades de la cultura de aquel momento, dominado por un Octavio Paz recién reconocido con el Nobel.
En San Ildefonso aún reverberan los ecos de aquella remodelación que volvió a poner el recinto al servicio de la educación, pero ahora desde la museografía y desde una promoción cultural vanguardista que muestra el fructífero diálogo de la universidad con instituciones gubernamentales comprometidas igualmente con la cultura.
Un documental sobre la exposición México: esplendores de treinta siglos se puede ver en el canal de YouTube del Colegio de San Ildefonso: https://www.youtube.com/watch?v=UnUvuSEZ6wE.
Visita el sitio en internet del Colegio de San Ildefonso para conocer actividades, sus redes sociales, su oferta de visitas guiadas y mucho más: https://sanildefonso.org.mx/.
Y consulta la sección “Enfoque” de UNAM Internacional número 5, que incluye fotografías de San Ildefonso y otros museos de la UNAM: https://revista.unaminternacional.unam.mx/nota/5 (descarga la edición en pdf).
Eduardo Vázquez Martín realizó estudios de antropología social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Trabajó en la Dirección de Literatura de la UNAM y fue fundador, junto a Marco Antonio Campos, del Periódico de poesía. Fue subdirector de las revistas Milenio, Viceversa y Laberinto Urbano. Junto a Alejandro Aura fundó del Instituto de Cultura de la Ciudad de México, antecedente de la Secretaría de Cultura de la CDMX, de la que también fue titular de 2014 a 2018. Participó en la creación de la primera Fábrica de Artes y Oficios en Iztapalapa (FARO de Oriente), en el año 2000 y en la creación de tres más: FARO Miacatlán en Milpa Alta, FARO Corregidora en Aragón y FARO Cosmos en la alcaldía Miguel Hidalgo. En 2001 y 2004 fue Coordinador General del Instituto de México en España. En 2005 se incorpora a la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí, donde coordina la creación del Centro de las Artes Bicentenario. En 2019 fue nombrado titular del Mandato del Antiguo Colegio de San Ildefonso. También es poeta, periodista cultural y editor. Ha publicado varios volúmenes de poesía y aparece en diversas antologías de poesía y ensayo.
Ximena Gómez y Carlos Maza son editores de UNAM Internacional.