Entrevista   

Número 11

10 de diciembre de 2025

La multidimensionalidad de las desigualdades. Entrevista con Enrique Provencio

Por: Dolores González Casanova y Carlos Maza

 
Enrique Provencio
Fotografía: Diana Maldonado, 2024

DESIGUALDAD EN INGRESOS, DESIGUALDAD DE PODER
UNAM Internacional: ¿Se sigue considerando a la desigualdad económica como el origen de otras formas de desigualdad? ¿Los desniveles del ingreso determinan otras exclusiones?
Enrique Provencio: Cada vez se habla más de las desigualdades en plural porque está claro que las económicas no están solas. Al paso del tiempo, la visión más economicista, que consideraba la desigualdad económica como el origen de las demás desigualdades, ha dado lugar a una visión más equilibrada en la que se considera que la desigualdad económica interactúa con otras desigualdades, principalmente con las del poder, y que en muchas ocasiones la desigualdad económica se reproduce por la concentración del poder y por el tipo de políticas que van manteniéndola. Estas arrastran consigo a otras, principalmente las educativas, las de acceso a los servicios públicos, a oportunidades de empleo e ingreso, y estas y otras se reproducen en el tiempo. Puede decirse que las desigualdades económicas, al interactuar con las desigualdades de poder, generan dinámicas que, con el paso del tiempo, reducen las oportunidades de movilidad social.

Ahora bien, las desigualdades económicas no son sólo desigualdades de ingreso; son previamente desigualdades de riqueza, desigualdades patrimoniales, las cuales son más difíciles de reducir porque la riqueza se transmite de generación en generación, es decir, tiende a reproducirse a través de la herencia. El punto más relevante es cómo romper esas dinámicas, de tal manera que se redistribuyan los ingresos, las riquezas, y mejoren las oportunidades de movilidad social y de acceso a mejores empleos e ingresos. Ahí radica la importancia de la reducción de las desigualdades educativas y de salud, sobre todo.

UI: ¿A qué nos referimos cuando hablamos de desigualdades del poder?
EP: Al hablar de las desigualdades económicas tendemos a pensar que están dadas, que hay una determinada distribución de riqueza que hace que unos tengan más oportunidad de estudiar, mejores empleos, que ganen más. Detrás de esa distribución también hay una distribución muy inequitativa del acceso al poder, es decir, del acceso colectivo a la toma de decisiones. Son los grupos en el poder los que van perpetuando, o bien van cambiando el sentido de las decisiones económicas. Voy a dar un ejemplo que puede ayudar a ilustrar: en México, desde 1975 hasta el año 2000, el salario mínimo se redujo abrumadoramente: perdió setenta y cinco por ciento de su capacidad adquisitiva. Luego, de 2000 a 2016 se mantuvo estable y a partir de 2017 empezó a crecer. ¿Qué es lo que ocurría? No era un accidente histórico, sino que desde la perspectiva de la política económica había una distorsión de intereses: se sacrificaba a los sectores populares, a los sectores de menores ingresos, para controlar la inflación.

Era en realidad un problema de acceso a las decisiones, de tal manera que en la política económica había una subrepresentación de los intereses de los sectores de menores ingresos. El ejemplo del salario mínimo ocurre con otros: la capacitación para el empleo, el cobro de impuestos o la asignación del gasto público. Lo que ocurre, en conjunto, es que la representación de sectores de menores ingresos o de grupos vulnerables, por ejemplo, las mujeres, en la toma de decisiones era una desigualdad de poder.

CUANDO LOS GRUPOS DE ALTO PODER ECONÓMICO TIENEN UNA INFLUENCIA DESPROPORCIONADA EN LA TOMA DE DECISIONES, TIENDEN A REPRODUCIRSE MECANISMOS DESIGUALES EN LAS DECISIONES ECONÓMICAS

UI: ¿Podríamos decir que en un régimen autoritario es más factible que existan desigualdades de poder?
EP: De hecho, así es como ha ocurrido. En un régimen autoritario la capacidad de representación de los intereses mayoritarios no se ve reflejada en la toma de decisiones, pero también esto significa que cuando los grupos de alto poder económico tienen una influencia desproporcionada en la toma de decisiones, tienden a reproducirse mecanismos desiguales en las decisiones económicas. Esto ha ocurrido en diferentes momentos de la historia en México, en Estados Unidos y en muchos otros países. Uno de los aspectos clave en la búsqueda de sociedades más igualitarias, en la reducción de las desigualdades, es la democratización del poder y el establecimiento de mecanismos que permitan mejor representación de los intereses de los grupos sociales con mayores rezagos. Eso significa que haya controles y balances para que grupos de alto poder económico no tengan una influencia desproporcionada en las decisiones.


 
Fotografía: PUED

UI: Durante muchos años el salario mínimo, aunque perdía capacidad adquisitiva, se siguió utilizando para calcular multas y otra serie de cosas. Entonces se retiró este paralelismo y fue posible aumentarlo, lo que contribuyó a la disminución de la desigualdad…
EP: Uno de los factores clave en la reducción de la desigualdad por ingresos en México a partir de 2016 y en la década en curso es la posibilidad de mejoras en el ingreso mínimo. El aumento de la capacidad de compra del salario mínimo empezó justo con esa medida llamada “desindexación”, consistente en eliminar la atadura del salario mínimo como referencia para más de setecientos conceptos ligados —rentas, multas y otras—. Se decía que no se podía aumentar el salario mínimo porque iba a aumentar todo lo demás, así que había que eliminar esa referencia. Esa reforma implicó que se cuestionara la idea de que el incremento del salario mínimo inevitablemente iba a aumentar la inflación o provocar que se perdiera competitividad. Efectivamente, el aumento del salario mínimo a partir de 2017, pero sobre todo de 2019, es lo que hizo que se empujaran los demás salarios y gracias a ese incremento ha mejorado la distribución del ingreso en México. Se ha traducido en un incremento de la participación de las remuneraciones de los asalariados en el ingreso nacional disponible. Gracias a ese incremento de los salarios impulsados por el mínimo y por la distribución del ingreso se ha reducido la pobreza; de ese tamaño es su importancia. Ahora bien, estamos hablando de un cambio en la distribución del ingreso, no en la distribución de la riqueza.

EL UNO POR CIENTO DE LA POBLACIÓN PUEDE ESTAR CONCENTRANDO ALREDEDOR DEL TREINTA O TREINTA Y CINCO POR CIENTO DE LA RIQUEZA NACIONAL

UI: ¿Esa mejora se ha dado también en el acceso a la educación y a los servicios de salud?
EP: Hablando en términos de distribución, la del ingreso permite mejorar la capacidad adquisitiva de las personas: compran más bienes y servicios. Pero si ese incremento en la mejora del ingreso no se acompaña con una mejora en el acceso efectivo a la educación, a la salud y a la seguridad social, entonces, a más largo plazo no mejoran las oportunidades de que esas personas puedan incrementar sus capacidades para participar en la sociedad, algo que es factible cuando hay una mejora en la educación. Generalmente las mejoras en la educación, la salud y la alimentación van juntas. ¿Por qué es esto fundamental? Porque las mejoras en la educación y la salud permiten la  movilidad generacional, como ocurrió en México a partir de los años cuarenta y cincuenta cuando el mejor acceso a la educación —primero básica, luego media y superior— cambió el horizonte generacional y permitió que la siguiente generación accediera naturalmente a mejores niveles educativos. Pero ese cambio se frenó en los ochenta y noventa. Siguió creciendo la matrícula educativa, obviamente, pero también siguió creciendo mucho la población. 


 
Ilustración: Monserrat García Silva

La mejora en el ingreso detonada por la mejora del salario mínimo sí ha contribuido decisivamente a una mejora distributiva del ingreso y a una reducción de la pobreza por ingresos. Falta dar un paso siguiente: que también haya un mejor gasto, una mejor inversión en salud, en educación, en seguridad social para que se sostenga generacionalmente esa mejora distributiva y se reduzcan de manera más estructural las desigualdades.

UI: ¿Qué papel juega la alta concentración de riqueza en pocas manos en este panorama? ¿No tiene un impacto importante si estamos creciendo, si estamos superando la pobreza?
EP: La diferencia entre la distribución de la riqueza y la distribución del ingreso es muy clara. El índice de Gini [ver recuadro en pp. XX] en México oscila entre 0.4 y 0.45, dependiendo del indicador que se use, pero el índice de distribución de la riqueza anda entre 0.7 y 0.75. Esa diferencia es muy importante porque en la parte de las familias, de los hogares, el uno por ciento de la población puede estar concentrando alrededor del treinta o treinta y cinco por ciento de la riqueza nacional. Ese uno por ciento en México equivale aproximadamente a trescientas ochenta mil familias. Dentro de ese uno por ciento, un 0.01 por ciento puede estar concentrando más del veinte por ciento de la riqueza nacional. Las formas actuales de producción de riquezas muy concentradas en sectores de alta tecnología están provocando que un muy reducido grupo de ellas y de accionistas produzcan una riqueza desproporcionadamente alta y tengan un poder decisivo en la manera en la que se regulan las actividades de su sector. Los grupos o sectores con mayor participación en la producción y en el patrimonio tienen una muy alta capacidad de cabildeo, de orientación de la regulación. 

Las disputas que se están viendo actualmente entre grandes empresas de la economía digital y Europa, que intenta regularlas, están manifestando ese patrón. En su momento fue con las petroleras y con las grandes y poderosas empresas automotrices. Esa capacidad de influencia en las legislaciones nacionales o regionales, en el caso de Europa, es lo que altera mucho los equilibrios de poder. La participación del uno o el diez por ciento de mayores ingresos o de mayor participación en la riqueza ha estado aumentando mucho en las economías que han crecido más en las últimas épocas, en particular en la de China o en la de India, donde se ha dado un fenómeno de altísima concentración del ingreso, pero ocurre en todos los países.

 

EL PAPEL DE LA UNIVERSIDAD
UI:
¿Qué papel juega la universidad, en particular la UNAM, en la reducción de las desigualdades?
EP: En términos generales hay acuerdo en que en la reducción de las desigualdades juega un papel fundamental el acceso a la educación en todos los niveles y en particular a la educación superior. En la época en que las desigualdades se redujeron en el mundo, entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y principios de los años ochenta, el consenso de la investigación circuló alrededor de eso. La escolarización y el acceso a la educación, primero básica y luego superior, jugaron un papel fundamental en el incremento de ingresos de los hogares y en la reducción de las desigualdades. 

Ese efecto se suavizó porque las crisis de los años ochenta y noventa provocaron que, ante la reducción del empleo, el efecto de la educación superior no fuera determinante. En ese marco puede decirse que el rol que jugó el mayor acceso a la educación superior y, en particular, el rol que jugó la UNAM fue determinante para facilitar el acceso de los sectores de menores ingresos a la educación media y sobre todo a la educación superior. Eso permitió no sólo elevar las capacidades para generar empleos de mayor calidad y, por tanto, facilitar la movilidad social de la siguiente generación, sino también porque la preparación de profesionistas y personal empleado de más alto nivel que facilitó la UNAM permitió el incremento de la productividad a nivel nacional y facilitó el crecimiento de la economía y el empleo. 

En las últimas tres décadas, el papel de la UNAM se volvió todavía más importante porque la mayor parte de su alumnado proviene de los sectores de menores ingresos en la medida en que ha ido incrementándose la oferta de educación superior privada con matrícula de alto costo. El aporte de la UNAM, tanto en la segunda parte del siglo xx, cuando su matrícula fue creciendo y fue aportando cada vez más personal profesional a la sociedad, como en la época posterior a los ochenta, cuando la mayor parte del alumnado provino cada vez más de sectores de menores ingresos, ha resultado crucial porque ha integrado un elemento crítico en la movilidad social nacional y en la mejora distributiva del ingreso. Esto podría ser mayor en la medida en que hubiera más presupuesto de educación superior, pero eso ya no atañe a la universidad, sino a las finanzas públicas.

EL APORTE DE LA UNAM HA RESULTADO CRUCIAL PORQUE HA INTEGRADO UN ELEMENTO CRÍTICO EN LA MOVILIDAD SOCIAL NACIONAL Y EN LA MEJORA DISTRIBUTIVA DEL INGRESO

DESIGUALDADES REGIONALES
UI: En cuanto a las desigualdades regionales, tanto en el territorio nacional como en los contextos continental y global, ¿cómo contrarrestar las diferencias de desarrollo que encontramos en el norte y el sur nacionales y en el norte y el sur globales?
EP: Empecemos por lo global. A partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando entró en funciones el sistema de las Naciones Unidas, la promoción del desarrollo se convirtió en una aspiración de equidad en el mundo. La gran aspiración del desarrollo fue reducir las brechas entre países ricos y países pobres y, en alguna medida, eso se estaba consiguiendo hasta que llegaron las crisis de la década de 1980. Desde entonces sólo unos cuantos países lograron romper las barreras y acercarse a los países ricos. Los casos emblemáticos fueron Japón —que lo empezó a conseguir en la década de 1960—, Corea del Sur —en la de 1980— y no muchos más.

A partir de las crisis de los años ochenta y luego en el inicio de la globalización, alrededor de 1990-1992, la mayor parte de los países en desarrollo empezaron a crecer menos y a rezagarse respecto de los países desarrollados. Hubo una gran excepción: China, porque su gran crecimiento (y luego el de la India y en su momento también el de Brasil) hizo que en los promedios mundiales se redujeran algunas brechas. Sin embargo, si lo vemos por regiones, las cosas no han ido bien. América Latina tiene ahora una brecha mayor respecto de los países ricos, igual que África y algunos países asiáticos. India y China, con su gran volumen de población y su acelerado ritmo de crecimiento, han ido acercándose a los países más ricos. La situación por regiones varía mucho, pero los hechos analizados en conjunto serían así: no se han reducido las brechas entre países ricos y pobres, salvo por el efecto del gran crecimiento en China y la India.

A México le estaba ocurriendo algo parecido: hasta 1980, los estados más rezagados de la república se estaban acercando poco a poco a los de más alto ingreso, pero la crisis de la década perdida —los años ochenta— hizo que esa tendencia se frenara e incluso que se revirtiera. Luego, en la época del Tratado de Libre Comercio (TLC) se ampliaron las brechas entre norte y sur. Hay muchas sutilezas de por medio, pero lo destacable es que la época del alto nivel de desarrollo en México sí favoreció una convergencia regional, una reducción de las brechas entre estados, aunque los del Pacífico sur, en particular Chiapas, Oaxaca y Guerrero, pero también Puebla y parte de Michoacán, siguieron siendo los más pobres. Con el TLC la dinámica económica hizo que las entidades federativas más vinculadas a las exportaciones crecieran más y aumentaran su brecha respecto de los estados pobres. Los estados de la frontera norte, más Aguascalientes, San Luis Potosí, Querétaro y Guanajuato se sumaron a la ola exportadora.

La dinámica de las últimas tres décadas mantuvo o aumentó las brechas entre los estados exportadores y los estados de economía más tradicional. Hay dos excepciones: Quintana Roo y Baja California Sur han venido mejorando su posición gracias al dinamismo del turismo. La época de gran crecimiento no ha favorecido a los estados con economía más tradicional: Chiapas, Oaxaca, Guerrero, una parte de Michoacán y también de entidades como Tlaxcala, Morelos y otras. Se necesitan políticas regionales que reduzcan las desigualdades y que faciliten un mayor desarrollo de los estados más pobres. La información que se ha conocido en 2025 sobre la pobreza en México muestra una geografía de la pobreza donde los estados más rezagados siguen siendo los estados en los que predominan economías tradicionales. 

UI: Que, además, son los estados con mayor población originaria.
EP: Eso significa que las desigualdades respecto de los grupos étnicos siguen siendo muy marcadas y nos remite a una desigualdad geográfico-étnica que requieren políticas mucho más enfocadas a solucionar los rezagos en los estados y los municipios con mayor presencia de grupos indígenas.

UI: Cuando hablamos acerca de países como India, China y Brasil —los BRICS— aunque sus economías han crecido y se han emparejado con las grandes economías del mundo, la situación interna es de gran desigualdad.
EP: Definitivamente. La desigualdad al interior de China ha crecido enormemente a partir de los años del gran boom. Por mencionar un dato, el diez por ciento más rico de China ha pasado de tener un poco más del cuarenta por ciento del ingreso a cerca del setenta y tres por ciento; ha aumentado mucho la desigualdad al interior de China. Lo mismo está ocurriendo actualmente en la India: están creciendo las desigualdades internas. No tanto en Brasil porque durante el siglo XXI han tenido políticas sociales muy activas, aunque sigue siendo uno de los países con peor distribución del ingreso. China e India, en parte Indonesia, están teniendo una participación cada vez más alta en la economía mundial, pero en su interior han tenido un gran crecimiento de las desigualdades económicas.


 

DESIGUALDADES Y CRISIS AMBIENTAL
UI:
Desde el punto de vista de los estudios del desarrollo, ante la crisis ambiental que conocemos, ¿estamos todavía a tiempo de revertir las causas del calentamiento global, del cambio climático? Las nuevas tendencias de inversión en grandes datacenters y los usos de recursos para la economía digital, ¿están poniendo en peligro la posibilidad de un desarrollo sostenible?
EP: Para vincularlo con el tema de las desigualdades, cada vez hay más información acerca de la profunda desigualdad ambiental que existe en términos de la generación de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo, porque definitivamente hay tanto una distribución inequitativa de las emisiones, como una distribución muy inequitativa de los impactos del cambio climático, y esto tiene implicaciones políticas muy relevantes, porque el principio de la responsabilidad común pero diferenciada que rige para la convención de cambio climático implica que el mayor esfuerzo se deba realizar en los países que tienen todavía una mayor emisión de gases de efecto invernadero por habitante. Esto es un punto que en el derecho internacional sí está previsto, por supuesto, pero que en los hechos no se lleva a cabo porque el financiamiento para la mitigación de las emisiones en los países pobres no está fluyendo. 

En el Acuerdo de París se estableció el compromiso de que los países con mayor desarrollo primero financiarían la mitigación en los países pobres, pero eso nunca ha ocurrido, aunque desde entonces ha aumentado la urgencia de hacerlo. Cada vez se requieren más recursos, pero no hay financiamiento y ese es un punto muy importante en la desigualdad. 

La mayor parte de los impactos del cambio climático están ocurriendo en los países pobres que no tienen capacidad de respuesta. Los países con mayores emisiones per cápita no están aportando el financiamiento y los países con menores emisiones son más vulnerables y están recibiendo la mayor parte del impacto y los daños por el cambio climático. Eso da lugar a una gran injusticia climática global. 

Respecto de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), de acuerdo con los últimos diagnósticos de las Naciones Unidas, hay un gran rezago respecto de la expectativa que se tenía en 2015. En promedio, sólo un veinte por ciento de las metas para 2030 están en vías de ser alcanzadas a nivel mundial. Del restante ochenta por ciento, la mitad lleva una trayectoria muy incierta e inestable, pero todavía podría acelerarse y conseguirse un cumplimiento en el tramo que queda. La otra mitad de las metas presenta un retroceso en la mayor parte de los países africanos, en parte de América Latina y el Caribe, y en una parte de los países asiáticos. Hay una trayectoria muy insatisfactoria en el cumplimiento de los ODS. 

Ahora bien, visto por objetivos y por región, varía mucho. Los principales avances se están dando en tres objetivos: el 5 (igualdad de género), el 7 (energías renovables y limpias) y el 9 (infraestructura). Hay un estancamiento sobre todo en educación (ODS 4), agua (ODS 6), patrones de producción sostenible (ODS 12, con todo el tema de los residuos), pero también en el de acción por el clima (ODS 13) y en los de biodiversidad (ODS 14 y 15). 


  
¿Cuál es la perspectiva de aquí a 2030? Es el último tramo, los últimos cinco años de la agenda, no se esperan grandes cambios, sobre todo por la debilitación del sistema multilateral de negociaciones internacionales y por el debilitamiento de las organizaciones de las Naciones Unidas, de las que se está retirando Estados Unidos y que están perdiendo capacidad de financiamiento. Pero también porque la perspectiva económica de aquí a 2030 es muy incierta. La manera en la que Estados Unidos ha puesto en jaque al sistema multilateral de comercio está frenando las posibilidades económicas de muchos países y, por tanto, de aquí a 2030, aunque la ONU con toda seguridad va a refrendar la agenda 2030, en este contexto tan incierto muy pronto —probablemente para 2027 o 2028—, se iniciarán las negociaciones para una nueva ronda de objetivos y para otra agenda de desarrollo. 

Dos conclusiones: no debemos bajar la atención y la urgencia al 2030, con la nueva ronda de negociaciones que se va a venir, porque además será —y esta es segunda conclusión— en un ambiente internacional más incierto como el que Estados Unidos, pero también Rusia y otros países están provocando.

LO QUE ESTAMOS VIVIENDO EN EL MUNDO ACTUALMENTE ES UN DETERIORO CRECIENTE DE LAS CONDICIONES DE LAS DEMOCRACIAS EN EL MUNDO

LA RUTA A SEGUIR
UI:
¿Qué debería estar haciéndose desde el gobierno para reducir la desigualdad?
EP: La información disponible para los últimos ocho años, que es información comparable, nos está diciendo que en México estamos viviendo una reducción de las desigualdades en la distribución del ingreso y ese es un cambio trascendental, no sólo porque ha permitido reducir la pobreza, sino porque se ha hecho a partir de una mejora en los ingresos de la población con el detonante del salario mínimo, ya lo decíamos antes. 

Para adelante, en mi opinión, hay dos asuntos: el primero de ellos es que necesitamos poner más énfasis en la reducción de las carencias sociales de la mayoría de la población, lo que significa buscar un acceso más efectivo a los servicios públicos sociales en los temas relacionados con el cumplimiento de los derechos a la educación, a la salud, a la seguridad social, a la vivienda con todos sus servicios (agua, alcantarillado y otros), al medio ambiente sano, que no tiene una lectura adecuada en términos de medición de pobreza, y una mayor cohesión social que tampoco estamos midiendo bien. Ese es el primer aspecto: enfatizar la mejora en el acceso efectivo a servicios de calidad, en el cumplimiento de estos y otros derechos. 

El segundo punto es que necesitamos poner más énfasis en el incremento del ingreso, en el cumplimiento de los derechos y, por tanto, en el acceso efectivo a servicios públicos de calidad en los municipios y los estados de mayor pobreza del país, en particular en los grupos indígenas y afrodescendientes que con la información actual se pueden identificar mucho mejor. 

La información de la pobreza municipal la vamos a conocer hasta finales de 2026, pero lo que ya sabemos de 2020 (por la medición anterior), nos permite decir que sí se puede saber en dónde hay que actuar mejor. Con el énfasis en el segundo punto, en los estados y municipios de mayor rezago y con los grupos étnicos, también estaríamos atacando las desigualdades regionales en México, lo que debe ser una prioridad: reducir las brechas entre los estados más dinámicos y con mejores condiciones y desarrollo y los estados más rezagados. 

El énfasis en estos dos puntos, más trabajo en los servicios y, por tanto, el cumplimiento de los derechos, y atención a los estados y municipios de mayor rezago, necesitamos verlo también en una lógica del futuro próximo, buscando mantener las mejoras en el ingreso, en particular con la generación de empleos formales y dignos. No cabe duda de que la mejora en el ingreso ya dio resultados, pero hay que mantenerla, no es suficiente todavía, y la parte crítica va a venir en la mejora de los empleos para la gente que está en la informalidad, porque es la más pobre. 

NO PUEDE HABER DESARROLLO SIN REDUCCIÓN DE LAS DESIGUALDADES Y SIN MEJORA DE LAS CONDICIONES DE LA DEMOCRACIA

La mayor carencia en la medición de la pobreza es la falta de acceso a la seguridad social, ahí es donde está el problema. ¿Qué va a pasar en los siguientes años para los que la perspectiva económica no es muy buena? Tenemos que cuidar más el empleo formal, porque lo que está ocurriendo en este momento, en 2025, es que está creciendo el empleo informal porque no hay suficiente generación de empleo. Pero el empleo informal, por definición, tiene bajos ingresos y no tiene seguridad social. En los próximos años, para que no se revierta el avance en la reducción de la pobreza, necesitamos mejorar la economía, no por el crecimiento per se, sino por una economía de calidad, centrada en empleos dignos que tengan seguridad social. Avances en salud, educación y seguridad social permitirán mantener esta mejora que hemos estado viendo. 

Hay que agregar que la raíz de la mejora de la distribución del ingreso en México durante los últimos años representa un incremento de cinco puntos porcentuales a las remuneraciones de los asalariados en el ingreso nacional. Esa ha sido la razón. ¿Produce una mejora en la distribución de la riqueza? No, quizá no. Digo quizá porque es posible que haya habido alguna mejora, pero hasta ahora no se sabe. 

Durante lo que va del siglo xxi, uno de los aspectos más debatidos en el mundo ha sido el de la altísima concentración del ingreso, en particular en el control del uno por ciento sobre la riqueza mundial y, en términos generales, lo que se ha argumentado es que, sobre todo a partir de la crisis de 2008-2009, la inconformidad con la distribución del ingreso es lo que ha estado detrás de muchas de las emergencias sociales, de las urgencias sociales de los últimos quince años. Una novedad muy importante es que la causalidad, que en el pasado se esperaba que un mejor desarrollo llevara a una mejor distribución, se ha invertido y hoy la idea general predominante es que necesitamos mejorar simultáneamente la distribución y el desarrollo porque la mejora de la distribución no solamente nos permite una mayor actividad económica, sino también crear mejores condiciones para la democracia. 

Lo que estamos viviendo actualmente es un deterioro creciente de las condiciones de las democracias en el mundo. Todos los índices nos están diciendo que ha venido aumentando el número de países autocráticos, de condición política híbrida o que han dejado de cumplir con los elementos clásicos de una democracia: división efectiva y control entre poderes, transparencia, libertad de prensa, y respeto irrestricto de los derechos humanos. En la época clásica del desarrollo se decía que el avance democrático era una condición sine qua non del desarrollo, que no podía entenderse el desarrollo sin mejoramiento democrático. Hoy podemos decir que no puede haber desarrollo sin reducción de las desigualdades y sin mejora de las condiciones de la democracia. Las mejoras distributivas facilitan la creación de condiciones para el desarrollo y para la democracia y, por tanto, no debemos esperar a que la mejora distributiva venga por añadidura, sino que debe ser parte de los objetivos. Todo esto en condiciones muy complejas porque, al mismo tiempo, tenemos que atacar la crisis climática y mejorar la seguridad humana y la seguridad pública de los países. 

Por fortuna en México estamos viendo una mejora en la distribución del ingreso. Hay que complementarla con mejoras en educación, salud y seguridad social, sobre todo. Para eso necesitamos fortalecer las capacidades hacendarias del estado mexicano. Los estados y sus gobiernos cumplen mejor con la redistribución cuando logran una redistribución después de impuestos. En México no estamos logrando eso, es decir, la distribución antes de impuestos es casi igual que la distribución después de impuestos porque la captación de impuestos en México es muy baja. Vamos a tener un cambio estructural cuando logremos una distribución después de impuestos a través de una mayor inversión en los servicios públicos.


  
UI: Esto no significa aumentar impuestos, ¿verdad?
EP: Significa al menos tres cosas. Primero, gastar mejor: que los recursos de los que dispone el gobierno federal, los estados y municipios se inviertan allí donde estén dando mejores resultados desde el punto de vista de la mejora y de la movilidad sociales. Segundo: para eso se necesita abatir la evasión de impuestos: eficiencia recaudatoria y acabar con la impunidad fiscal, en lo que se ha avanzado mucho en México a partir de 2019, pero —tercero— también significa una mayor progresividad fiscal, es decir, necesitamos verlo por el lado del gasto, por el lado del ingreso y por el lado de la progresividad. En México no tenemos una buena progresividad fiscal todavía, es decir, si alguien llega a ganar doscientos cincuenta mil pesos y empieza pagar un ISR de treinta y cinco por ciento, está pagando la misma tasa que quien está ganando diez millones de pesos mensuales; allí sí se necesita un cambio, para aumentar las tasas a los grupos de muy altos ingresos. Hasta ahora el gobierno mexicano ha sido exitoso en mejorar su captación a través de medidas de eficiencia, de reducción de la evasión, pero eso va a alcanzar un límite tarde o temprano con las tasas que tenemos. Por eso no logramos pasar de una captación fiscal que es casi la mitad de lo que tienen los países de la OCDE. Para el futuro sí va a ser fundamental que nos convirtamos en una sociedad que realmente tributa para poder financiar los servicios públicos.

UI: ¿Es posible pensar en una renta básica universal?
EP: Sin llamarla así, hemos ido avanzando hacia una renta básica. La pensión universal de personas adultas mayores a partir de sesenta y cinco años, y el nuevo apoyo que se otorgó para mujeres de sesenta a sesenta y cinco, más la generalización de las becas del bienestar, todo esto ha puesto un piso. Y la mejora de los salarios mínimos hizo que creciera el ingreso de la población que no tiene contratos, que está en la informalidad: el salario mínimo también está beneficiando a los informales. Así que, en los hechos, ya se dio un paso en esa dirección. Lo más importante es que lo que se esperaba que se consiguiera con la renta básica se está consiguiendo por otras vías: la reducción de la pobreza. 

De todas maneras, seguimos con una pobreza muy alta, sobre todo en términos de pobreza por carencias sociales. Que no se nos olvide. Todavía tenemos, por ejemplo, cuarenta y cuatro millones de personas sin acceso a los servicios de salud.

 

El PUED y el Informe del desarrollo en México
Desde su fundación en septiembre de 2011, el Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED) de la UNAM viene aportando análisis y propuestas sobre el tema multidisciplinario del desarrollo. Se define como:

un espacio de reflexión sobre los grandes temas de la equidad en las sociedades contemporáneas, la solidaridad y los valores sociales, a través de investigaciones sobre estudios del desarrollo, que generen soluciones relevantes para mitigar la problemática económica y social tanto en el ámbito local, regional e internacional (http://www.pued.unam.mx/opencms/PUED/acercade.html)


Nació como respuesta universitaria a la creciente complejidad de los contextos social, económico y político, con la consigna de “priorizar el desarrollo humano igualitario y sustentable”. Su objetivo central es “realizar, apoyar y promover investigación teórica y práctica sobre las distintas agendas vinculadas con la idea, la teoría y la práctica del desarrollo”, y su campo de incidencia es el de las políticas para el desarrollo, con cinco líneas de investigación:

  1. Desigualdad social y pobreza
  2. Ideas del Desarrollo
  3. Nuevos riesgos sociales y las políticas sociales
  4. Energía para el desarrollo
  5. Desarrollo regional sustentable

Desde 2015, el PUED da a conocer los resultados de sus investigaciones y actividades por medio de la serie Informe del Desarrollo en México de la que ya se cuentan más de diez volúmenes publicados. Además, el PUED ha desarrollado un “visualizador dinámico” del informe para consulta en línea, en el que es posible explorar cada una de las categorías y subcategorías que forman parte del esquema general de investigación y análisis, y desde ahí acceder libremente a diversos documentos de investigación. El visualizador se puede consultar en
http://www.pued.unam.mx/opencms/visualizadorIDM/index.html.


Enrique Provencio estudió economía en la Universidad de Sonora y en la UNAM. Es director e investigador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED) de la UNAM, y profesor en la especialización de Economía Ambiental y Ecológica, así como en la de Desarrollo Social, del Posgrado de Economía de esta universidad. Ha sido instructor y coordinador en programas de formación profesional relacionados con el desarrollo sustentable, como en el Diplomado de Economía y Política Ambiental, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, y en el de Gestión y Análisis de Políticas Ambientales del Instituto Nacional de Administración Pública. Es coordinador del proyecto Informe del desarrollo en México, con una orientación analítica y propositiva.

Dolores González-Casanova es directora de Enlace Institucional de la Dirección General de Cooperación e Internacionalización (DGECI) y Carlos Maza es coordinador de Fomento a la Internacionalización (DGECI). Ambos forman parte del equipo editorial de UNAM Internacional.
Número actual
Compartir:
   
Números anteriores
Ver más
Sin categoria (1)
Encuadre (10)
Entrevista (3)
Entérate (8)
Experiencias (4)
Enfoque (1)