Encuadre
Número 12
12 de mayo de 2026
Agua, agricultura y salud pública.
Los plaguicidas invisibles en el Río Santiago
Por: Rosa Leonor González-Díaz y José de Anda-Sánchez
Detrás de las aguas “oscuras” que se observan en muchos ríos, las que en términos coloquiales llamamos “sucias”, se encuentran diversas sustancias químicas que representan un riesgo ambiental. Uno de los recursos más valiosos para la vida es el agua. De ella dependen la salud humana, la producción de los alimentos y el equilibrio en los ecosistemas. Sin embargo, en muchas partes del mundo —y México no es la excepción— los cuerpos de agua son afectados por las crecientes descargas urbanas, los residuos industriales y las escorrentías agrícolas. Los plaguicidas, que se utilizan para prevenir infestaciones en los cultivos, se posicionan entre los contaminantes químicos más alarmantes pues al llegar a los ríos representan un grave peligro para la salud de las personas.
El Río Santiago en Jalisco es un ejemplo de esta situación ambiental. La cuenca está influenciada por actividades urbanas, agrícolas e industriales de gran relevancia económica, pero ha sido expuesta como una de las más contaminadas en el país (Bollo-Manent, Montaño & Hernández, 2017; Jiménez Hernández, 2023). Diversos estudios han identificado recientemente, además de los contaminantes tradicionales, plaguicidas en bajas concentraciones, que pueden tener efectos adversos por su toxicidad, su persistencia y su capacidad de bioacumulación (González-Díaz
et al., 2025; Muñoz-Delgado et al., 2025; De Anda
et al., 2024). Considerando dicha problemática, este artículo aborda el tema de los plaguicidas en aguas superficiales del Río Santiago-Guadalajara, así como sus posibles implicaciones para la salud y la relevancia de la colaboración científica internacional para enfrentar este tipo de desafíos ambientales.
Río Santiago en Jalisco.
Rosa Leonor González-Díaz
ALIADOS DEL CAMPO, ENEMIGOS DEL AGUA
A través de los años, para el aumento del rendimiento en la agricultura y la protección de los cultivos, los plaguicidas han desempeñado un importante papel. Su uso en México ha tenido un crecimiento acelerado, sobre todo en regiones con agricultura comercial, como es el Occidente del país. Una parte significativa de estos compuestos no solamente permanece en los campos y suelos, sino que también es arrastrada por el riego y las lluvias hasta los arroyos, presas y ríos, provocando contaminación.
Jalisco, caracterizado por ser uno de los estados con mayor actividad agrícola, tiene un reto en el desarrollo de alternativas sostenibles para la producción de alimentos; un gran desafío debido al constante aumento de la demanda. Muchos de los residuos de los plaguicidas utilizados en la agricultura terminan en cuerpos de agua como el Río Santiago, donde predominan los grupos organoclorados y organofosforados. Algunos de ellos —Lindano (gamma-BHC), Aldrín, DDT, Endosulfán y Dicofol— identificados anteriormente (De Anda
et al., 2024), hoy están prohibidos o severamente restringidos en numerosos países debido a su persistencia ambiental y a sus efectos tóxicos para la salud, y forman parte de la lista de contaminantes orgánicos persistentes del Convenio de Estocolmo [ver recuadro].
Se han documentado dichos compuestos en ríos de América Latina, Asia y Europa, vinculándose con severos daños en el sistema nervioso central, afectaciones en el sistema inmunológico, cambios hormonales y aumento del riesgo de cáncer (Elumalai
et al., 2025; Li et al., 2024; Meena et al., 2025). En México también se han encontrado estos contaminantes en alimentos, suelos y agua para beber, lo que confirma la grave problemática nacional que representan.
EL RÍO SANTIAGO BAJO ENCUADRE LA LUPA CIENTÍFICA
Recientemente se realizó un análisis sobre la presencia de plaguicidas en veinticinco estaciones de monitoreo ubicadas a lo largo de la cuenca del Río Santiago-Guadalajara (figura 1). Entre los compuestos identificados destacaron más de diez que son conocidos por su capacidad de acumulación en los organismos con el paso del tiempo y por la toxicidad que provocan.
Elaborado por Rosa Leonor González-Díaz
Este estudio no sólo realizó una cuantificación de las concentraciones de los plaguicidas en el agua del río, sino que también buscó la respuesta a una pregunta clave: ¿qué significan estos valores para la salud de las personas? Se desarrollaron metodologías de evaluación del riesgo con énfasis en infantes, niñas, niños y adultos. El coeficiente de riesgo (HQ; siglas en inglés de Hazard Quotient), permite realizar una comparación de cuánto plaguicida puede estar entrando al cuerpo con una cantidad considerada segura. Si el valor obtenido es menor a uno, el riesgo suele ser bajo; si supera ese valor, existe una posible preocupación para la salud. El índice de riesgo (HI,
Hazard Index) suma todos los HQ de los distintos plaguicidas detectados en el agua y muestra su efecto combinado pues en la vida real no estamos expuestos a un solo contaminante sino a una mezcla. También se estimó el riesgo total de cáncer (TCR, Total Cancer Risk) que expresa la probabilidad de que una persona pueda desarrollar cáncer tras una exposición continua de largo plazo. Un valor TCR de uno en un millón indica riesgo muy bajo, mientras que valores superiores pueden considerarse preocupantes y requieren atención.
Los resultados obtenidos mostraron una variación espacial importante entre estaciones y temporadas. Si bien muchos puntos del río mostraron valores bajos (HI menor a uno), dos de las estaciones analizadas superaron este umbral, lo que representa un riesgo potencial para la salud pública, especialmente en comunidades ribereñas. Dichas zonas se localizan cerca de áreas con intensa actividad agrícola y urbana.
LA INFANCIA COMO CENTRO DEL PROBLEMA
La situación para infantes, niñas y niños bajo este panorama es muy preocupante. En una de las estaciones el HI alcanzó valores por encima de cuatro, destacando principalmente concentraciones elevadas de Dicofol. La fisiología de este grupo es más vulnerable por el menor peso corporal, un mayor consumo relativo de agua y un sistema inmunológico en desarrollo, factores que lo hacen más susceptible a los contaminantes ambientales. En otras regiones agrícolas de Jalisco, como la cuenca del Río Ayuquila, se han reportado altas concentraciones de plaguicidas.
Por ello, el grupo de los infantes suele ser uno de los más vulnerables a la contaminación ambiental por estos contaminantes en las aguas (figura 3). Bebés, niñas y niños pueden absorber proporcionalmente más plaguicidas que las personas adultas. Una exposición parcial o prolongada puede tener implicaciones años después, y se ha vinculado con alteraciones endocrinas asociadas con problemas de aprendizaje, enfermedades neurodegenerativas y una mayor probabilidad de ciertos tipos de cáncer (Sarailoo
et al., 2022). Cuando los plaguicidas se encuentran en las aguas superficiales, existe un riesgo de ingreso al organismo por consumo directo desde las escorrentías que pasan a los pozos de agua, el uso doméstico o a través de la cadena alimentaria. Este último punto está asociado con la contaminación presente en peces de consumo, así como en vegetales y hortalizas que han sido irrigados con aguas contaminadas en zonas cercanas a la cuenca.
LA DIMENSIÓN GLOBAL DE UN PROBLEMA LOCAL
La presencia de plaguicidas en los efluentes sucede en muchas partes del mundo. Se ha documentado que ríos en Brasil, España, China, India y Pakistán presentan hallazgos similares, incluyendo las estimaciones de riesgos en poblaciones cercanas, lo que ha impulsado el desarrollo de marcos metodológicos comunes para la evaluación de riesgos de estos y otros contaminantes, con la finalidad de priorizar acciones de mitigación (López-Benítez
et al., 2024).
Nuestras investigaciones no serían posibles sin la colaboración entre instituciones mexicanas y universidades extranjeras, particularmente de Canadá, lo que refleja el papel central de la internacionalización de la educación superior. En nuestro caso, contamos con una larga trayectoria de proyectos conjuntos con el Dr. Harvey Shear, profesor emérito en retiro de la Universidad de Toronto-Mississauga, con quien hemos trabajado desde el año 2000 en diversas líneas de investigación. Estas alianzas han permitido la formación de estudiantes tanto de la Universidad de Toronto como del CIATEJ en contextos reales de colaboración, así como el intercambio continuo de metodologías y el desarrollo de proyectos conjuntos que fortalecen capacidades científicas locales. Además, favorecen una cooperación global orientada a resolver problemas ambientales complejos, conectando el conocimiento generado en Jalisco con redes internacionales y contribuyendo a una educación más integral, crítica y comprometida con la sostenibilidad.
¿QUÉ SE PUEDE HACER DESPUÉS DEL DIAGNÓSTICO?
La identificación del problema sólo es el primer eslabón de la cadena. Los estudios científicos proponen la necesidad de implementar estrategias integrales, donde convergen el monitoreo sistemático de los plaguicidas en el agua, los sedimentos y la biota que se localizan cerca de zonas agrícolas (Sumudumali & Jayawardana, 2021); la regulación y control del uso de los plaguicidas, incluyendo la eliminación completa de compuestos altamente peligrosos destacados en convenios internacionales (Fagundes
et al., 2025); la protección de las poblaciones ribereñas que son las más afectadas por medio de campañas sanitarias, talleres de divulgación, y acercamientos comunitarios para explicar el peligro silencioso de los plaguicidas y fortalecer la educación ambiental; la implementación de tecnologías de remediación como los humedales y tratamientos de aguas residuales, que han demostrado tener potencial para reducir contaminantes agrícolas (Kuhn et al., 2022; Nan
et al., 2023). Finalmente, la gestión integral de cuencas, articulada con las entidades políticas involucradas, las autoridades, la sociedad civil y la academia, es clave para tratar esta problemática que afecta a la salud pública. Las experiencias internacionales han demostrado que la coordinación sostenida de los planteamientos anteriores puede disminuir la contaminación de los ríos.
CONCLUSIONES
El Río Santiago es una muestra viva de cómo los beneficios de la agricultura moderna pueden verse opacados por impactos ambientales y sanitarios si no existe una articulación entre academia, e instituciones públicas. La presencia de plaguicidas en los ríos representa un problema global de salud pública que debe ser atendido cuanto antes. Es urgente fortalecer la vigilancia ambiental y reforzar programas educativos y charlas informativas en comunidades vulnerables para minimizar el impacto a largo plazo de estos contaminantes. Al mismo tiempo, este trabajo reafirma la importancia de la colaboración nacional e internacional para abordar problemas ambientales complejos que trascienden fronteras. La ciencia, cuando se articula con políticas públicas y participación social, puede convertirse en una poderosa herramienta para proteger el agua y la salud de las generaciones presentes y futuras. Cuidar nuestros ríos no es sólo una tarea técnica: es un compromiso ético con el bienestar colectivo del medio ambiente y de la sociedad.
El Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes
UNAM Internacional
Al iniciarse el siglo XXI era ya claro que el uso de los “milagros” de la llamada “Revolución Verde” de mediados del siglo XX, tenían consecuencias adversas para el entorno y para la salud. El desarrollo de la industria química para potenciar la agricultura industrial permitió que la producción creciera exponencialmente, al grado de ver en el binomio formado por los monocultivos extensivos y los insumos químicos, una solución final al hambre.
No fue así. Además del grave impacto que la agricultura industrial tiene sobre los modos de vida de las poblaciones locales, investigaciones sobre el uso de estos insumos mostraron que las consecuencias adversas tenían mayor peso que el aumento en la productividad, pues impactaban negativamente en el equilibrio de los ecosistemas y, sobre todo, en la salud humana y animal. Así, ante la evidencia contundente respecto de su potencial contaminante, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente convocó a la comunidad internacional para establecer límites al uso de los ahora conocidos como Contaminantes Orgánicos Permanentes (COP). En mayo de 2001 fue firmado el convenio, al que se fueron sumando diferentes países, y entró en vigor a partir de 2004. México lo firmó desde el primer momento y fue el primer país latinoamericano en ratificarlo, en 2003. Entre los países del Norte global, el único que no firmó el convenio fue Estados Unidos.
Su contenido se ha venido revisando para incluir nuevas sustancias tóxicas COP, es decir, compuestos con base en carbono que, al ser liberados en el ambiente permanecen intactos durante años, se distribuyen sin límites en suelo, agua y aire, se concentran en organismos vivos a niveles cada vez mayores, y son tóxicos para seres humanos y animales.
Para saber más acerca de los COP y del Convenio de Estocolmo, visita su sitio en internet: https://aqmx.org/sites/default/files/resources/UNEP-POPS-COP-CONVTEXT-2025.English.pdf.
Rosa Leonor González-Díaz es profesora de cátedra del Tecnológico de Monterrey, Departamento de Bioingenierías de la Escuela de Ingeniería y Ciencias, campus Guadalajara. Es doctora en ciencias por la Universidad de Guadalajara, con experiencia en microbiología ambiental, calidad del agua, saneamiento de ecosistemas acuáticos y biotecnología ambiental. Su trabajo ha incluido análisis de metales pesados, microbiota acuática y evaluación de riesgos ambientales en ríos de Jalisco, así como el desarrollo de estrategias biotecnológicas para el tratamiento de aguas residuales y la economía circular para las industrias.
José de Anda-Sánchez es un investigador mexicano con más de tres décadas de trayectoria en limnología, seguridad hídrica y soluciones basadas en la naturaleza para el tratamiento de aguas residuales. Es doctor en ciencias de la Tierra por la UNAM, ha sido director general del CIATEJ y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras. Ha escrito más de setenta artículos académicos y cinco libros. Su trabajo combina excelencia científica, innovación tecnológica y compromiso social. Es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y de la Academia de Ingeniería México, y ha formado generaciones de especialistas en gestión del agua.
Referencias
Bollo-Manent, Manuel; Montaño Salazar, Rodolfo; Hernández Santana, José Ramón (Coords.) (2017).
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De Anda, J., Shear, H., Lugo-Melchor, O. Y., Padilla-Tovar, L. E., Bravo, S. D., & Olvera-Vargas, L. A. (2024). Use of the Pesticide Toxicity Index to Determine Potential Ecological Risk in the Santiago-Guadalajara River Basin, Mexico.
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González-Díaz, Rosa Leonor; De Anda, José; Shear, Harvey; Padilla-Tovar, Luis Eduardo; Lugo-Melchor, Ofelia Yadira, & Olvera-Vargas, Luis Alberto (2025). “Assessment of Heavy Metals in Surface Waters of the Santiago–Guadalajara River Basin, Mexico.”
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