Encuadre   

Número 12

12 de mayo de 2026

Aprender el lenguaje del agua.

Conocimiento indígena para la justicia ambiental

Toitū te marae a Tane-Mahuta,
toitū te marae a Tangaroa, toitū te iwi.
(Si la tierra está bien y el mar está bien, el pueblo prosperará)

El agua recuerda. Cada río no lleva sólo sedimentos y contaminantes, sino historias de cuidado y violencia, parentesco y extracción, reverencia y abandono. En las culturas indígenas de todo el mundo, el agua no se entiende como un recurso neutral que se mueve a través de un sistema, sino como una relación viva, un ancestro, una presencia legal y ética cuyo bienestar es inseparable del nuestro. No obstante, las sociedades coloniales modernas han roto en gran medida estas relaciones; han tratado a los ríos y a los océanos como mercancías que deben ser controladas en lugar de seres a los que debemos responsabilidad. En un momento de crisis climática acelerada, esta ruptura epistémica es cada vez más letal, pero en las artes, la cultura y la creatividad, aún podemos encontrar formas de reconfigurarla o repararla.



 Ilustración: Monserrat García Silva

En abril de 2023, dos académicos de práctica creativa de la Universidad Massey en Aotearoa (Nueva Zelanda), Leonel Alvarado y Elspeth Tilley, recibimos la Beca Grupal del Primer Ministro de Nueva Zelanda para viajar con ocho estudiantes de teatro a América Latina. Este ensayo es un intento de explicar el conocimiento sustancial que adquirimos durante ese viaje, sobre las formas en que se pueden revitalizar los conocimientos ambientales indígenas mediante la práctica creativa para ofrecer formas alternativas de entender el agua, el tiempo y la responsabilidad, que podrían orientar a la humanidad hacia la justicia ecológica, la reparación cultural y futuros sostenibles.

Aotearoa y Colombia tienen muchas similitudes, incluyendo una biodiversidad rica pero amenazada, fuertes culturas indígenas, herencias artísticas vibrantes y socialmente comprometidas, y diversos paisajes culturales y lingüísticos. También comparten un futuro afectado por el cambio climático. El objetivo de nuestro proyecto era trabajar creativamente en el tema común de la responsabilidad climática con estudiantes y personal de la Universidad de Los Andes, así como con colaboradores del Distrito Creativo del Bronx, una asociación comunitaria cuyo trabajo explora cómo el arte y la creatividad pueden sanar daños y construir conexiones restauradoras. Nuestra visión compartida se centraba en la capacidad del teatro para cruzar barreras culturales y lingüísticas y crear un entendimiento mutuo.

Nuestros estudiantes de la Universidad Massey prepararon una obra corta del movimiento creativo global ambiental Climate Change Theatre Action (https://www.climatechangetheatreaction.com/) antes de dejar Aotearoa. Eligieron una obra titulada The Earth’s Blue Heart (El corazón azul de la Tierra) de Katie Pearl, una dramaturga galardonada con un premio Obie y cofundadora de Works on Water, una trienal dedicada a apoyar a artistas que trabajan en, cerca de y con vías fluviales del mundo. Ofreciendo una exploración luminosa e inmersiva de cómo los océanos nos conectan a todos sin importar dónde estemos en el planeta, la obra también pide que los valores indígenas de sostenibilidad sean restaurados al centro de las conversaciones sobre el clima. Había varios estudiantes maoríes en nuestro grupo, y sentían que The Earth’s Blue Heart conectaba con sus valores de herencia indígena, además de ofrecer algo universal que esperaban que pudiera resonar en todas las culturas.



Fragmento de la obra de teatro The Earth´s Blue Heart Estas líneas aparecen en una escena donde los personajes exploran su compleja relación con la naturaleza —tanto celebrándola como consumiéndola— como parte de un discurso público más amplio, a menudo desenfadado, sobre tener una conexión significativa y activa con el mundo natural.

Decidimos compartir con nuestros colaboradores colombianos una representación de The Earth’s Blue Heart como rompehielos tras nuestra llegada. Los estudiantes tenían razón: la actuación suscitó un intenso debate y el reconocimiento de conexiones profundas entre las cosmovisiones maoríes, las cosmovisiones indígenas colombianas y los miedos y esperanzas compartidas de todos los presentes ante el cambio climático. Iniciamos una serie de conversaciones disruptivas sobre cómo el agua ha sido tanto profundamente venerada como contaminada y saqueada en ambos países, y cómo podríamos comunicar esta paradoja de formas que pudieran cambiar el pensamiento medioambiental en nuestra audiencia. Se encendieron chispas de colaboración y durante las siguientes cuatro semanas trabajamos juntos a través de culturas, historias e idiomas para crear una obra teatral colaborativa multifacética propia, explorando ideas sobre ríos, agua y relaciones sagradas con la Tierra. 

La idea culminó en una actuación conjunta en la Universidad de Los Andes en mayo de 2023, titulada ¿Y si los ríos pudieran hablar? Exploramos teatralmente los legados de violencia y despojo de nuestras dos naciones desde el imaginativo punto de vista del agua. Imaginamos a la Tierra como un espacio sagrado y soberano que nadie, sin importar los desafíos que enfrentemos en un grupo o nación, tiene derecho a explotar. Juntos desarrollamos un conjunto de escenas dramáticas que llamaban a comprender el cambio climático como un problema compartido que afecta a toda la vida y la materia en este espacio. El resultado fue una experiencia conmovedora que nos cambió la vida y que ninguno de nosotros olvidará.



Estudiantes de la Universidad Massey presentando The Earths Blue Heart en Colombia.

 Elspeth Tilley

Una de las epifanías que tuvimos mientras trabajábamos en Colombia fue que, aunque imaginar el futuro es crucial para motivar el cambio, el lugar donde quizá debamos buscar las claves de ese futuro es el pasado, o más bien, un presente permanente. Al explorar los valores ecológicos sobre el agua entre culturas recordamos que, para muchas culturas indígenas alrededor del mundo, el tiempo no se experimenta de forma lineal sino simultánea o cíclica. El agua se recicla sin fin: el agua del planeta hoy es la misma que ha existido durante miles de millones de años. Cada gota se mueve sin fin por la atmósfera, la tierra, los océanos, los seres vivos y la tierra sólida, cambiando de forma, ubicación y escala temporal, desde estar encerrada como hielo durante milenios hasta evaporarse y precipitarse en un día, pero permaneciendo siempre como parte del sistema planetario. El agua del pasado, del presente y del futuro coexisten: la lluvia de hoy es agua que han visto antepasados, paisajes y seres no humanos antes y siempre está en un viaje para hacerlo de nuevo. 

Durante nuestro trabajo en Colombia, las temporalidades indígenas nos permitieron comprender esto porque entienden el tiempo como recursivo y continuo, no como una línea que va del pasado al presente y al futuro en línea recta. En las concepciones temporales indígenas el ciclo del agua no es algo que ocurre y termina, sino que siempre está ocurriendo. La lluvia, los ríos, las aguas subterráneas, los océanos, las nubes y el hielo se reconocen como un bucle eterno. En varios sistemas de conocimiento indígena el agua no es sólo materia inerte que se mueve a través de ese sistema, sino un ser consciente o relacional. Tiene una historia y un futuro, no sólo una presencia física: es el tiempo mismo en movimiento. En estas concepciones, dado que el agua está viva y es relacional, su ciclo también es ético: cómo se mueve el agua refleja cómo los humanos se comportan hacia la tierra, hacia los seres más que humanos y entre ellos. En tales temporalidades, las consecuencias de nuestras acciones dañinas siempre están con nosotros, no son algo que podamos dejar atrás como en las insidiosas suposiciones coloniales según las que “el progreso es inevitable y el tiempo cura” que alimentan gran parte de la apatía climática no indígena. 

Si nuestro daño vive eternamente con nosotros, también lo hacen las soluciones. Las culturas indígenas también tienen respuestas, si encontramos la manera de escucharlas a pesar del constante ruido del pensamiento colonial. En Aotearoa existen valores y prácticas ambientales en el matauranga (conocimiento) maorí, a través de los cuales los grupos indígenas interpretan, experimentan y cumplen con sus responsabilidades con el medio ambiente [ver recuadro]. Entre los valores maoríes importantes se encuentran el tikanga (práctica consuetudinaria, valores y protocolos), whakapapa (conexiones y relaciones genealógicas, incluyendo los vínculos ecosistémicos relacionales entre entidades humanas y entidades más que humanas), mana whenua (autoridad reconocida en la gestión de la tierra y los recursos), kaitiakitanga (protección ambiental), manaakitanga (actos de dar, elevar y cuidar a los demás, incluido el mundo natural), whakakotahitanga (consenso, respeto por las diferencias individuales e inclusión participativa para la toma de decisiones), y arohatanga (la noción de cuidado, respeto, amor y compasión, incluso hacia el mundo más que humano) (Awatere & Harmsworth, 2014).

LOS CONOCIMIENTOS AMBIENTALES INDÍGENAS SUELEN SER CATEGORIZADOS ERRÓNEAMENTE COMO ANECDÓTICOS EN LUGAR DE EMPÍRICOS, CREENCIAS MÁS QUE EVIDENCIAS, Y TRADICIÓN CULTURAL POR ENCIMA DE UNA VISIÓN CIENTÍFICA

Estos y otros valores maoríes en Aotearoa llegan a proporcionar un fundamento para el respeto ético al interactuar con el agua, sus hábitats y especies de biodiversidad asociados, de manera que la reconozcan como un taonga (tesoro) a proteger y no como un recurso a explotar. A veces tienen un impacto; por ejemplo, Aotearoa fue uno de los primeros países del mundo en otorgar, como resultado de propuestas maoríes durante un acuerdo Te Tiriti o Waitangi en 2017, el estatus de persona jurídica a un río para que sus intereses pudieran estar representados en la ley convencional (Te Awa Tupua, 2017). La académica indígena Simone Gabriel (Ngati Raukawa) escribe que:

En te Ao Māori, este reconocimiento afirma que el río no es sólo un recurso, sino un ancestro vivo: un ser con whakapapa, mauri y derechos, cuya protección refleja las responsabilidades del parentesco más que las abstracciones del derecho de propiedad—y resuena con las filosofías animistas indígenas. (Gabriel 2026)

Esta decisión estableció el conocimiento maorí sobre la interconexión del mundo natural con la humanidad, de modo que proteger a uno es proteger a todos y es una medida que beneficiará a todos los neozelandeses.

Sin embargo, en las culturas occidentales a menudo existe una profunda incomodidad con los tipos de ciencia relacional y ética que se encuentran en las cosmovisiones indígenas. Las culturas occidentales dominantes han heredado una fuerte jerarquía de sistemas de conocimiento arraigados en la Ilustración científica, por lo que se espera que el conocimiento sea cuantificable, replicable, escrito y universal. Los conocimientos ambientales indígenas suelen basarse en la oralidad, lo relacional y el contexto y, por ende, suelen ser categorizados erróneamente como anecdóticos en lugar de empíricos, creencias más que evidencias, y tradición cultural por encima de una visión científica. Este marco constituye una injusticia epistémica: la devaluación sistemática del conocimiento en razón de quién lo produce y cómo lo expresa; no porque carezca de rigor. Esta resistencia es reforzada por legados coloniales que marginan deliberadamente los sistemas de conocimiento indígena para afirmar un control continuo sobre el agua, la tierra y los recursos. Los ecólogos maoríes Meg Parsons y Roa Crease (2024) señalan que la colonización profunda impregna todas las etapas de la formulación de políticas, no sólo la gestión ambiental, moldeando cómo se estructuran el conocimiento, la autoridad y la gobernanza en sociedades con historias coloniales. Reconocer los conocimientos ambientales indígenas desestabiliza no sólo a la normatividad científica, sino también a la autoridad política, a la responsabilidad ética y a las narrativas dominantes de progreso, promoviendo que la aceptación genuina sea un reto dentro de las instituciones occidentales convencionales.



Nuestros estudiantes de la Universidad Massey prepararon una obra corta del movimiento creativo global ambiental.

 Elspeth Tilley

Sin embargo, como descubrimos en Colombia, las metodologías artísticas pueden ayudarnos a responder a esta resistencia de formas capaces de cambiar la apertura cultural a los conocimientos indígenas. Por ejemplo, al abordar el cambio climático, muchos artistas imaginan las voces y perspectivas de animales, ecosistemas y materiales inanimados. El filósofo Fred Evans sostiene que para vivir ética y sosteniblemente, la humanidad debe cambiar los modos de conexión y escucha de manera que “el cosmos en su totalidad y pluralidad también pueda considerarse como voces y participantes en la mente cosmopolita y su expresión artística” (Evans, 2023). Considera que el arte es crucial en este esfuerzo porque en la obra creativa podemos imaginar y encarnar la secuencia de devenires (devenir mujer, animal, molécula, imperceptible) que Gilles Deleuze y Félix Guattari (1987) consideran conceptualmente esencial para entrar en un nuevo modo de vida con el planeta, donde la individualidad ya no es primordial (tout le monde o ser-todos, ser-todo) y se forja algo nuevo, relaciones respetuosas, recíprocas y un sistema de parentesco con todo.

Esto es difícil de imaginar para los ciudadanos de sociedades individualistas e industrializadas, pero los artistas indígenas están liderando el camino y nos ayudan a conceptualizarlo. Por ejemplo, Hone Tuwhare (Ngapuhi) fue un importante poeta de Aotearoa cuyo trabajo se centraba frecuentemente en el agua, los ríos, la lluvia, las mareas y el mar como entidades vivas, hablantes y soberanas; entrelazando a menudo la observación ecológica con la cosmología maorí y la crítica política (cfr. Tuwhare, 1994). Poemas suyos como “Rain” (lluvia), “Sea Call” (el llamado del mar) y “Flood” (corriente) forman parte de varios planes de estudio escolares y son ampliamente debatidos por la forma en que se refieren al agua como materia relacional y agente, más que como materia inerte. La dramaturga Mīria George (Te Arawa, Ngati Awa, Ngati Kuki ‘Arani) ha escrito una Trilogía del agua que explora el agua como taonga, punto de conflicto político y lugar de soberanía indígena en medio de la crisis climática, la privatización y la colonización en Aotearoa y el Pacífico (“Final Piece in Water Trilogy Soon to Take Stage”, 2017). Más recientemente, las obras que forman parte de Climate Change Theatre Action de nuestra colega en la Universidad Massey, Whiti Hereaka (Ngati Tuwharetoa, Te Arawa), han imaginado cómo podría hablar la propia Tierra, un gesto artístico que honra a los mauri del planeta, tal y como se entiende en el Matauranga Maori. La creatividad del arte de Hereaka le permite abordar el conocimiento indígena de forma abstracta e indirecta, navegando cuidadosamente cómo ese conocimiento puede sentirse indirectamente a través de fronteras culturales, respetando su especificidad e integridad cultural.

En nuestra versión de What if the Rivers Could Speak? (¿y si los ríos pudieran hablar?) nos convertimos físicamente en agua, rugimos como agua, lamentamos como agua, nos evaporamos como agua y llovimos nuestros cuerpos una vez más sobre el escenario. Nos convertimos en los cuerpos hinchados de agricultores asesinados flotando por las vías fluviales colombianas durante las décadas del conflicto armado. Nos convertimos en el lodo marrón y tóxico de la escorrentía agrícola que asfixia los ríos de Aotearoa. Algunos nos convertimos en los bloques de hormigón de las presas, otros en el agua que empuja, enfurecida, contra ese hormigón. Algunos de nosotros encarnamos a los peces incapaces de nadar río arriba hasta sus ancestrales sitios de reproducción; algunos sufrimos el dolor de la gente que pesca inútilmente río arriba donde ya no se puede capturar comida para su familia. Todos utilizamos técnicas creativas de extrospección para intentar imaginarnos en la conciencia del agua y lo que podría esperar y soñar, para construir empatía por el mundo más que humano en nuestra escritura de diálogos ficticios y escenas imaginadas. A través de metodologías participativas y artísticas, todos entendimos como nunca antes lo habíamos hecho, cómo se sienten realmente las ontologías indígenas. Todos cambiamos nuestra relación con el agua. Y todos llegamos a entender que los ríos ya están hablando; simplemente, no hemos aprendido su idioma todavía.


Este es el tipo de maniobras creativas que puede transformar culturas, es decir, cambiar la arquitectura del significado que moldea cómo las personas se relacionan con el agua, con la tierra, entre ellas y con el poder. Cuando los constructos culturales cambian, el mundo que organizan puede cambiar con ellos: políticas, leyes, deberes éticos y comportamientos cotidianos tienen la oportunidad de reorganizarse en torno de una nueva comprensión. Como demuestra el primer reconocimiento de la personalidad jurídica completa del río Whanganui, cuando las cosmovisiones ecológicas indígenas reciben reconocimiento, se puede conceder personalidad jurídica a los ríos, pero mientras las cosmovisiones extractivas dominen nuestra cultura, ese mismo río seguirá siendo un “recurso”.

TODOS LLEGAMOS A ENTENDER QUE LOS RÍOS YA ESTÁN HABLANDO; SIMPLEMENTE, NO HEMOS APRENDIDO SU IDIOMA TODAVÍA

Hereaka confirma que ha observado cambios en la comprensión ambiental a lo largo del tiempo que ha estado escribiendo ecoficción en defensa de los valores ambientales indígenas: 

La mayoría de la gente en Aotearoa ahora reconoce esa relación diferente entre el medio ambiente y los maoríes. Cuando yo era pequeño, se estaba construyendo una carretera en Waikato. Se detuvo por un taniwha (kaitiaki maorí o espíritu guardián ambiental), y eso fue ridiculizado en los medios. Mientras que ahora, con los maunga (montañas) y los awa (ríos) adquiriendo personalidad jurídica, hay más aceptación. 

En parte, esto se debe a que el panorama cultural en general también ha cambiado significativamente. Hereaka señala que ahora hay muchos más escritores maoríes aceptados en el “canon”:

Cuando empecé mi carrera, podías nombrarnos a todos y no todos salíamos en el programa de un evento literario, porque “Ya tenemos a nuestros maoríes”. Ahora es normal ver varios wahine Maori en las estanterías de las librerías y sé que se venden bien. La gente lo busca; hay un público. (Tilley, s. f.)

Por supuesto, como argumenta la jurista indígena Rebecca Tsosie (Yaqui), los conocimientos ambientales tradicionales no deberían tener que esperar a cambios culturales en popularidad ni a un “reconocimiento” externo como respaldo legal, porque ya están fundamentados en marcos jurídicos antiguos que organizan el mundo natural y establecen obligaciones morales duraderas para la conducta humana. “Algunas naciones indígenas, como los Dine, llaman a esto la ‘ley fundamental’ porque no cambia y porque existe un deber moral que acompaña a la interacción humana con el medio ambiente” (Tsosie, 2025). La ley fundamental combina el conocimiento medioambiental acumulado durante mucho tiempo con responsabilidades éticas incorporadas que requieren que los humanos se relacionen con la tierra, el agua y la comida en términos de relaciones sagradas que permiten nuestra supervivencia colectiva, en lugar de ser mercancías. Dentro de esta visión del mundo, elementos del mundo natural ya poseen la personalidad, por ejemplo, “los salmones salvajes son considerados personas ‘distintas a los humanos’ por muchos pueblos indígenas en Alaska y el noroeste del Pacífico” (Tsosie, 2025). Esta personalidad no es metafórica. Refleja una visión del mundo en la que los salmones se ofrecen voluntariamente a los humanos bajo condiciones de respeto, contención y cuidado, y donde los humanos tienen responsabilidades duraderas a cambio. Sin embargo, confirma Tsosie, estos sistemas ecológicos morales y legales ya existentes suelen ser invisibles o no reconocidos dentro de las estructuras de gobernanza dominantes. Lo que aprendimos de nuestro trabajo creativo colaborativo sobre el agua es que el arte es una de las formas en que pueden llegar a ser —ya lo están siendo—visibles.



Nuestros estudiantes de la Universidad Massey prepararon una obra corta del movimiento creativo global ambiental.

 Elspeth Tilley

Reconocer los conocimientos ambientales indígenas podría ayudar no sólo a detener el daño, sino también a afrontar nuestro duelo por lo que ya se ha perdido. Gabriel sostiene que las respuestas rituales a la pérdida ecológica, como celebrar funerales de arroyos o humedales, pueden ayudarnos a desafiar las ideas centradas en el ser humano sobre el duelo, ampliando quién y qué se considera digno de duelo. Reconectar con tales prácticas, que históricamente han existido en todas las culturas, podría replantear ríos, bosques y animales como seres con valor o personalidad intrínsecos. El duelo formal por la pérdida de hábitat y especies también funcionaría como una forma de ajuste de cuentas ético, reconociendo la responsabilidad humana por el daño ecológico y fomentando la reflexión sobre cómo las personas podrían vivir de forma diferente ante el duelo ecológico. La autora manifiesta que: “...Celebrar un funeral para un glaciar o una especie desafía las suposiciones antropocéntricas sobre el duelo, ampliando nuestro círculo de preocupación moral” (Gabriel, 2026). De este modo, dado que el duelo ecológico a menudo está entrelazado con la culpa, “el duelo se convierte en una forma de ajuste de cuentas moral: una forma de preguntar no sólo qué hemos perdido, sino cómo podríamos vivir ahora de forma diferente” (Gabriel, 2026). Esta fue sin duda nuestra experiencia en Colombia, ya que usamos nuestro trabajo creativo para llorar colectivamente lo que se le había hecho a nuestros ríos en dos lados opuestos del planeta, pero también forjamos solidaridad en nuestra determinación común de mejorar.

La personalidad jurídica de la naturaleza en Bolivia y Ecuador

UNAM Internacional


La Constitución de la República del Ecuador, promulgada en 2008, incluyó una modificación que podría calificarse de revolucionaria: asignó a la Pacha Mama —concepto quechua que representa a la Tierra y a la naturaleza— la capacidad de ser sujeto de derechos en diversos ámbitos. Se trata de una perspectiva biocéntrica en la que se hace posible la justicia ambiental mediante “Una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar el buen vivir, el sumak kawsay”, y el principio in dubio natura, que significa que en caso de controversia sobre posible daño ambiental, se tomará la decisión más favorable a la conservación del entorno. 

Un año después, en 2009, Bolivia siguió un camino similar luego de la “Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra” cuando se adoptó “la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra”, y el país andino la convirtió en una ley vinculante”. 

Para saber más sobre estas vanguardistas legislaciones en favor de la sostenibilidad y la conservación ambiental, consulta el artículo “Los derechos a la naturaleza como una expresión de reconocimiento a las cosmovisiones indígenas: casos de Ecuador y Bolivia”, de Judy Vanessa Casanova López, publicado en la revista Tlatelolco 3(1), julio-diciembre de 2024, del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS) de la UNAM, disponible en: https://puedjs.unam.mx/revista_tlatelolco/los-derechos-a-la-naturaleza-como-una-expresion-de-reconocimiento-a-las-cosmovisiones-indigenas-casos-de-ecuador-y-bolivia/


Elspeth Tilley, Doctora en Filosofía, es Profesora de Comunicación Creativa en la Universidad Massey, Nueva Zelanda. Ha sido dramaturga oficial en cuatro ocasiones y productora en seis ediciones de Climate Change Theatre Action. Sus obras han recibido pre‑mios en cuatro países y han sido traducidas a seis idiomas. En 2026, diez de sus obras climáticas fueron publicadas en una edición bilingüe español/inglés por Ediciones Uniandes: https://ediciones.uniandes. edu.co/gpd-representar-el-cambio-enacting-change9789587989823-69cd6b3f97e99.html

Referencias
Awatere, Shaun, & Harmsworth, Garth (2014). Mātauranga Māori Frameworks, Approaches, and Culturally Appropriate Monitoring Tools. Mahinga Kai. Hamilton, Waikato: Landcare Research, 2014. Deleuze, Gilles, & Guattari, Félix (1987). A Thousand Plateaus: Capitalism and Schizophrenia. Minneapolis: University of Minnesota Press.

Evans, Fred (2023). “Cosmopolitanism and the Creative Activism of Public Art,” Journal of Aesthetics & Art Criticism 81(2).

“Final Piece in Water Trilogy Soon to Take Stage,” (August 14, 2017) Creative New Zealand. https://creativenz.govt.nz/News-andblog/2022/06/15/02/25/55/Final-piece-in-Water-Trilogy-soon-totake-stage.

Gabriel, Simone (2026). Ritual Activism and Writing-as-Ceremony: Exploring Relational Ontologies in Ecological and Psychospiritual Renewal. PhD dissertation, Massey University.

Parsons, Meg, & Crease, Roa Petra (2024) “Indigenous Climate Justice in Aotearoa New Zealand: The Dangers of (Mis)Recognition within Climate Policymaking.” Inland Waters 14(3). https://doi.org/10.108 0/20442041.2024.2354141.

Te Awa Tupua (Whanganui River Claims Settlement) Act 2017. Public Act No. 7 (2017), New Zealand Parliament, https://www.legislation. govt.nz/act/public/2017/0007/latest/DLM6831607.html.

Tilley, Elspeth (n. d.) “Whiti Hereaka, Pre‑publication draft, interview for Mahi Toi: The Transformational Art of Aotearoa.”

Toitū te marae a Tāne (Restoration Planting Sites) (n. d.). Wellington City Council, NZ. https://docslib.org/doc/6419365/toit%C5%AB-te-marae-a-t%C4%81ne-mahuta-toit%C5%AB-te-marae-a-tangaroa-toit%C5%AB-te-tangata.

Tsosie, Rebecca (2025). “Indigenous Sustainability and an Ethic of Place: Can We Protect the Lands that We Love?” In: Kacandes, Irene (Ed.) Humanities for Humans: Clear Thinking on Challenging Issues. Berlin: De Gruyter.

Tuwhare, Hone (1994). Deep River Talk: Collected Poems. Honolulu: University of Hawai‘i Press.
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