Encuadre
Número 12
12 de mayo de 2026
La crisis hídrica de la Zona Metropolitana del Valle de México.
Alternativas para enfrentarla
En este artículo parto de la idea que la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) experimenta una crisis hídrica sistémica que puede agravarse bajo las presiones del cambio climático. No estoy hablando de un colapso inminente y generalizado, pero sostengo que el actual patrón de funcionamiento disminuirá gradualmente la capacidad para satisfacer las necesidades de la población y la economía, dañará aún más los recursos naturales y se convertirá en un factor negativo para la gobernabilidad de la metrópoli.
En este análisis no me apoyo en un modelo predictivo que permita establecer horizontes de tiempo y parámetros de la evolución de esta crisis, sino que empleo un enfoque mixto que integra elementos cuantitativos y juicios cualitativos. Sabemos que el porvenir difícilmente puede predecirse. Si bien existen algunos fenómenos del mundo natural y social donde los modelos predictivos alcanzan un alto grado de certidumbre, cuando se aborda el caso de un sistema hídrico ubicado en una de las metrópolis más grandes del mundo, condicionado por factores multicausales de naturaleza muy diversa, requerimos un enfoque diferente como el utilizado aquí.
Parto de una descripción del sistema hídrico de la ZMVM destacando su inserción en la Región Hidropolitana de la Ciudad de México, esbozo un diagnóstico general que trata de explicar en qué consiste la crisis sistémica y presento a la discusión algunas propuestas de solución.
¿QUÉ ES EL SISTEMA HÍDRICO DE LA ZMVM?
De acuerdo con fuentes oficiales del gobierno federal (Gobierno de México, 2024), la ZMVM está integrada por las dieciséis alcaldías de la Ciudad de México (9.2 millones de habitantes), cuarenta y cinco municipios pertenecientes al Estado de México (11.9 millones de habitantes) y dos municipios ubicados en el estado de Hidalgo (alrededor de trescientos mil habitantes), que en conjunto suman 21.4 millones de habitantes. La infraestructura hidráulica que se ubica en la ZMVM no sólo incluye la existente dentro de sus límites político-administrativos, sino que también comprende una vasta red primaria que se encuentra fuera de la Cuenca de México y que incluye los sistemas de abastecimiento de agua (Cutzamala y Lerma), el desalojo de las aguas negras y pluviales (Drenaje Profundo), el tratamiento de aguas residuales (Planta Atotonilco) y la distribución de agua para riego agrícola (ver mapa).
Elaborado por Manuel Perló y Bibiana Monsivais
Algunos autores han denominado a esta mesoregión la Región Hidropolitana de la Ciudad de México (RHCM) (Perló Cohen y González Reynoso, 2005; González Reynoso, 2016), la cual comenzó a edificarse desde el siglo xvii (Túnel de Huehuetoca, 1608) y con el tiempo ha llegado a integrar cuatro cuencas ubicadas en varias entidades del centro del país y cuya influencia llega hasta las vertientes del Oceáno Océano Pacífico y del Golfo de México. Aquí se encuentra inserta la ZMVM con su sistema hidráulico. La importancia de hablar de esta gran región no es solamente académica; tiene que ver con la dinámica de funcionamiento de la ZMVM. Por ejemplo, el abastecimiento de agua depende de manera significativa del líquido de la cuenca del Cutzamala y del acuífero del Lerma. Lo mismo puede decirse de la salida de las aguas residuales (negras) y pluviales que se desalojan a través del sistema de Drenaje Profundo que las conduce al estado de Hidalgo. En este sentido, cualquier alteración que se produzca en alguna parte de este gran sistema afecta a sus distintos componentes, como se observó claramente durante el ciclo 2023-2024, cuando la reducción de los sistemas de almacenamiento de las presas del sistema Cutzamala, debida a las condiciones de extrema sequía, afectó en forma significativa el abastecimiento de agua en la ZMVM.
Esta red de infraestructura primaria de la RHCM se articula con los propios sistemas hídricos de las entidades político-administrativas que conforman la ZMVM, sumando decenas de miles de kilómetros de redes secundarias de agua y drenaje, cientos de plantas de rebombeo, decenas de presas y vasos reguladores de distintas dimensiones, cientos de plantas de tratamiento de aguas residuales, de plantas potabilizadoras y de tanques de almacenamiento del sistema de distribución (tablas 1 y 2).
SACMEX, 2018
SACMEX, 2018
La información disponible para los municipios metropolitanos ubicados en el Estado de México y en Hidalgo es incompleta y se encuentra dispersa, pero nos permite inferir que es de similar extensión y complejidad que la de la Ciudad de México.
Por lo tanto, vista en conjunto, la ZMVM posee una de las infraestructuras hídricas más extensas y complejas entre las grandes metrópolis del planeta. En 2026 comprende directamente a más de veinticinco millones de personas, de las cuales casi veintitrés millones habitan en la ZMVM más otros grupos de población que se encuentran en las cuencas del Cutzamala y del Lerma y en las regiones receptoras del agua en Hidalgo.
CRISIS SISTÉMICA
No disponemos de un diagnóstico integral para esta vasta red de infraestructura, entre otras razones porque son múltiples los niveles de gobierno y administración del agua que gestionan los distintos subsistemas y cada uno de estos presenta condiciones específicas debidas a su distinta antigüedad, al tipo de materiales empleados en su construcción, al estado de mantenimiento que reciben, a los daños que sufren por problemas de hundimiento del subsuelo y robos, entre muchos otros factores. Se encuentran evaluaciones enfocadas exclusivamente a la Ciudad de México (SACMEX, 2018), otras para el Sistema Cutzmala (Banco Mundial, 2015), para la calidad del agua en la Ciudad de México (Mazari-Hiriart et al., 2019), el Acuífero del Valle de México (2024) y, recientemente, para el Plan Hídrico del Estado de México (Gobierno del Estado de México, 2025).
Monserrat García Silva
Algunos de los problemas que se mencionan de manera recurrente para el sistema en su conjunto en los informes oficiales y en la investigación de especialistas son los siguientes:
- Graves carencias y desigualdades en el acceso de la población a los servicios de agua y saneamiento.
- Pérdida de entre el treinta y el treinta y cinco por ciento del agua distribuida por las redes públicas.
- Mala calidad del agua.
- Inundaciones recurrentes, algunas de ellas catastróficas.
- Déficit y en algunos casos quiebra financiera de los organismos operadores del agua.
- Abandono y subutilización de las plantas de tratamiento de aguas residuales.
- Falta de mantenimiento generalizado que ocasiona pérdida de eficiencia.
- Sobreexplotación de acuíferos y hundimientos del subsuelo.
- Conflictos sociales y políticos por el acceso al agua.
- Robos extendidos del líquido y vandalismo que afecta directamente a la infraestructura.
Hay que considerar también los problemas causados indirectamente por el tipo de presión a que están sometidos estos sistemas. Sin duda, entre los más graves se encuentran los hundimientos diferenciales del subsuelo provocados por la sobreexplotación a la que están sometidos los acuíferos de la ZMVM, que son la principal fuente de abastecimiento de agua (cuarenta metros cúbicos por segundo, lo que representa entre el sesenta y cinco y el setenta por ciento del agua que se distribuye en las redes), y son causantes de severos y costosos daños en la infraestructura y las construcciones. Y a esto hay que agregar la contaminación del suelo y de los mantos acuíferos.
El diagnóstico también debe incluir la opinión de los usuarios. Los censos generales de población registran altos niveles de cobertura. De acuerdo con ellos, en la Ciudad de México el noventa y ocho por ciento de la población cuenta con el servicio; el drenaje llega hasta el noventa y cuatro por ciento, y en los municipios metropolitanos del Estado de México se reportan coberturas de hasta el noventa y cinco por ciento (aunque en el caso del drenaje, con enormes disparidades entre los municipios del norte del valle, que reportan coberturas que van del ochenta y cinco al cien por ciento, y los ubicados en el sur del valle, donde la proporción de cobertura baja hasta un rango de sesenta y cinco a setenta y cinco por ciento). Pero la realidad es que las encuestas gubernamentales a la población y los monitoreos de la calidad del agua arrojan un panorama bastante deficiente.
Entre los resultados reportados por la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (INEGI, 2024), encontramos que sólo el 58.4 por ciento de la población de la Ciudad de México recibe un suministro constante de agua; el cincuenta y dos por ciento por ciento la recibe de calidad aceptable; solamente el 20.2 por ciento la considera bebible sin riesgo a enfermarse, y sólo el 54.2 por ciento reporta “satisfacción” con el servicio. En el caso del drenaje capitalino sólo el 31.6 por ciento de la población encuestada declaró que el servicio de drenaje y alcantarillado recibe mantenimiento frecuente; sólo el 30.7 por ciento reportó que el sistema recibía limpieza constante, y menos de la mitad (el 46.3 por ciento) reportó “satisfacción” con el servicio.
En el caso del Estado de México, en su Plan Hídrico 2024-2029 (Gobierno del Estado de México, 2025) se reporta que en los monitoreos de calidad del agua que realizó la CONAGUA, que sirvieron de base para elaborar el semáforo de calidad, de setenta y siete que se aplicaron en el norte del Valle de México, en cuarenta y seis se encontró mala calidad, y de veintidós que se practicaron en el sur del Valle de México, quince reportaron mala calidad.
En suma, estamos ante un sistema muy inequitativo, que destruye los recursos naturales y el ecosistema, que funciona de manera ineficiente, que afecta negativamente la salud pública, que presenta fuertes resistencias al cambio, que es en extremo vulnerable a eventos climáticos agudos y que no satisface adecuadamente las necesidades de la población. Considero que nos encontramos ante una crisis sistémica en la que se interconectan diferentes subsistemas: ecológico, técnico, social y de gobernanza.
¿QUÉ SOLUCIONES EXISTEN?
Predomina un amplio consenso entre gobiernos, especialistas, empresarios privados y comunidades respecto de que la ZMVM atraviesa una grave crisis hídrica y de que es necesario y urgente modificar el modelo existente. Por ejemplo, en el Plan Hídrico del Estado de México 2024-2029 (Gobierno del Estado de México, 2025) se reconoce que “el Estado de México atraviesa una grave crisis hídrica”, y en 2016 el antiguo Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX, actualmente Secretaría de Gestión Integral del Agua) reconoció que el sistema hídrico distaba mucho de ser sustentable.
La discordancia entre puntos de vista inicia cuando se intenta explicar esta crisis y especialmente al momento de plantear las medidas para salir de ella. Una de las posturas sostiene que hemos dejado de invertir en el sector agua y que requerimos mayores recursos que permitan renovar tecnológicamente toda la infraestructura. Para ello proponen fortalecer las finanzas del sector canalizando mayores recursos públicos, pero también se propone mejorar la recaudación de los sistemas públicos, introducir mecanismos de mercado que permitan capitalizar al sector o incluso acudir a préstamos nacionales e internacionales. Desde esta óptica, proyectos como importar agua de cuencas distantes sigue siendo una opción válida (por ejemplo, importar de la subcuenca del Río Tula), así como renovar una infraestructura antigua, algo que se requiere completamente.
Una perspectiva opuesta a la anterior sostiene que los problemas que padecemos tienen que ver con el
modelo hídrico que ha regido históricamente el manejo del agua en la Cuenca de México, caracterizado por una política simultánea de expulsar el agua y traerla de cuencas distintas, de utilizar la infraestructura gris en demérito de las alternativas asistidas por la naturaleza y de no respetar el ciclo natural del agua.
A los puntos de vista anteriores hay que agregar el que mantiene que debe resolverse el problema con una perspectiva metropolitana que permita coordinar planes y acciones de las múltiples autoridades que concurren en la Cuenca de México para evitar la dispersión de esfuerzos y las políticas contrapuestas que obstaculizan una gestión integral y también el que insiste que debe de imperar un respeto al estado de derecho y el fín de la impunidad a los delitos de irregularidad, robo y tráfico del agua, que han caído en manos de bandas criminales.
¿Qué hacer frente a esta diversidad de puntos de vista, aquí apenas esbozada a muy grandes rasgos? Pienso que cada uno de ellos enriquece nuestro entendimiento del origen de la crisis y pueden aportar soluciones válidas. Considero que la época de los paradigmas exclusivos debe abrirse a la convivencia competitiva entre ellos. La existencia de un paradigma alternativo es un factor que favorece el cambio, pero no es suficiente para que este ocurra. Como han señalado Wostl-Phal et al. (2006), se requiere de procesos de aprendizaje y —yo agregaría— de evaluación de su efectividad. En esta línea de pensamiento, debemos dar paso a una transición incrementalista transformadora que permita ir cambiando el modelo hídrico en el largo plazo (proceso de adaptación), pero al mismo tiempo es indispensable que mejoramos su funcionamiento en el corto y el mediano plazos (proceso de autoregulación).
Debemos reconocer que nos encontramos frente a un problema complejo, sistémico, que exige un enfoque multifacético y creativo. Se requiere una perspectiva estratégica con un horizonte de veinte años o más, al mismo tiempo que una acción inmediata en el corto y el mediano plazos. Tenemos que diseñar un programa multisectorial y multiobjetivo que permita coordinar planes, recursos financieros, legislación y acciones en distintos horizontes de tiempo para enfrentar los problemas exitosamente, priorizando lo más urgente pero sin dejar de actuar decididamente sobre los problemas de fondo.
Monserrat García Silva
Sin pretender ser exhaustivo, sugiero las siguientes propuestas generales para la discusión:
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En el largo plazo es necesario cambiar el modelo hidráulico imperante con un nuevo tipo de proyectos sustentables desde el punto de vista hídrico, tanto de infraestructura verde como de infraestructura gris, que permitan restablecer el equilibrio hídrico dentro de la Cuenca de México. Los grandes proyectos de transferencia y desalojo deben restringirse, pero no con descalificaciones sino con argumentos y con proyectos alternativos que demuestren viabilidad. Más que imágenes o visiones muy idealizadas de cómo sería nuestro sistema hídrico, tenemos que avanzar sobre bases y principios muy realistas que permitan detener el deterioro, alcanzar una estabilidad sistémica e iniciar una transformación profunda.
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En el corto y el mediano plazos tenemos que priorizar proyectos que contribuyan a mejorar la eficiencia y el funcionamiento de la infraestructura existente, a “poner de pie el sistema existente”. Disminuir de manera drástica las pérdidas que experimentan las redes de distribución de agua y de drenaje; restablecer el funcionamiento y ampliar la capacidad de las plantas de tratamiento de aguas residuales, e iniciar programas de reducción del consumo de agua en todos los ámbitos económicos y sociales. Estos objetivos deben convertirse en puntos de apalancamiento (levarage points) que permitan cambios positivos susceptibles de extenderse al conjunto del sistema hídrico. Con los ahorros que genere una mejora en la eficiencia del sistema, pueden desarrollarse de manera concomitante programas que lleven el abastecimiento de agua a la población aquejada de mayores carencias, y que se comience a reducir la sobreexplotación de acuíferos, así como la disminución de los caudales importados de cuencas distantes.
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Los proyectos basados en la sustentabilidad han recibido escasa atención y pocos recursos para su construcción. El proyecto de recuperación del antiguo Lago de Texcoco, la construcción de parques hídricos, las acupunturas hidro-urbanas, el rescate de ríos y otros cuerpos de agua y la captación de agua de lluvia a nivel doméstico e incluso a gran escala deben recibir financiamientos y apoyos significativos. Esto permitirá iniciar una transición hídrica.
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Aprovechando la reciente aprobación de la Nueva Ley General de Agua y la reforma a la Ley de Aguas Nacionales que le otorga un papel de renovada autoridad al gobierno federal [ver pp. 146 en este número], debe restablecerse el estado de derecho erradicando la irregularidad que aqueja al sistema actual. Debe fortalecerse el papel rector del gobierno federal, pero sin ahogar con un inoperante y asfixiante paternalismo la iniciativa e independencia de los otros niveles de gobierno y los proyectos de comunidades locales. Sin duda debe alentarse la coordinación metropolitana entre los gobiernos concurrentes en la ZMVM y de los de la RHCM, pero la inexistencia de acuerdo metropolitano no debe frenar el inicio inmediato de un plan de acción. Tenemos que buscar creativamente nuevos mecanismos de financiamiento para darle solvencia al proceso de transformación. Sin recursos financieros de mediano y largo plazo, más allá de los necesarios recursos presupuestales, los cambios necesarios simplemente no podrán concretarse. Las reestructuraciones tarifarias son necesarias y, si bien los mayores consumidores deben pagar más, es necesario alejarse de los criterios populistas de no cobrar a ultranza. Hoy más que nunca hay que estimular la participación de las empresas privadas y comunitarias de todo tamaño en la renovación del sistema, de manera que aporten capital, conocimiento experto y mayor eficiencia. ¿Por qué no proponer una ambiciosa emisión pública de bonos para el rescate hídrico de la Cuenca de México que financie en parte las inversiones prioritarias que se requieren, abierta a toda la ciudadanía, a los gobiernos, a los fondos de inversión nacionales y extranjeros? ¿No sería para nosotros, los habitantes de esta metrópoli, una manera de invertir en nuestro propio futuro?
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Es necesario abrir a toda la sociedad un amplio debate que permita avanzar en la definición de una estrategia conjunta y de consenso para crear un nuevo sistema hídrico para la ZMVM, procurando la construcción de acuerdos con objetivos y metas muy precisos.
REFLEXIÓN FINAL
El sistema hídrico de la ZMVM enfrenta una grave crisis y se requiere acción inmediata que contemple objetivos de corto, mediano y largo plazos. Por lo pronto, hay que lograr que el sistema logre detener su declive, que estabilice su funcionamiento y que inicie, de manera clara y sostenida, su transformación. No existen obstáculos inexorables que nos obliguen a permanecer en la crisis y que impidan alcanzar un sistema hídrico más justo, sustentable y eficiente. La Ciudad de México ha protagonizado en el pasado episodios de resiliencia, creatividad y cambio. Las experiencias exitosas internacionales en ciudades como Curitiba, Phnom Penh, Seúl y Singapur, o de países como Camboya, China, Israel y Países Bajos, nos muestran que existe un porvenir hídrico más armónico, sustentable y deseable para los habitantes del planeta, y que en la Ciudad de México podemos aspirar a un escenario similar. Posponer soluciones que hoy parecen muy onerosas y complicadas sólo hará que el costo de enfrentarlas sea mayor en el futuro.
Manuel Perló Cohen es economista por la UNAM y doctor en planeación urbano-regional por la Universidad de California-Berkeley. Es investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y profesor en la UNAM, y en las universidades de Berkeley y Stanford. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, nivel II; investigador visitante en las universidades de Berkeley, California-San Diego y Columbia. Es autor de once libros, sesenta y siete capítulos de libros y cincuenta y cinco artículos científicos. En la UNAM ha dirigido el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudady el Instituto de Investigaciones Sociales. Es consultor de Naciones Unidas, del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo. Participa ampliamente en los principales medios informativos nacionales e internacionales en los temas del agua, gobernanza metropolitana y desarrollo urbano de la Ciudad de México.
Referencias
Banco Mundial (2015).
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https://www.gob.mx/conagua/documentos/diagnostico-para-el-manejo-integral-de-las-subcuencas-tuxpan-el-bosque-ixtapan-del-oro-valle-de-bravo-colorines-chilesdo-y-villa-victoria-pertenecientes-al-sistema-cutzamala.
Gobierno del Estado de México (2025).
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https://caem.edomex.gob.mx/sites/caem.edomex.gob.mx/files/files/Documentacion/PH/PHIEM2024-2029.pdf.
Gobierno de México (2024).
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https://www.gob.mx/cms/uploads/sedatu/MM2020_06022024.pdf.
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