Encuadre   

Número 12

12 de mayo de 2026

La ecoestética del agua.

Conceptos y proyectos de investigación interdisciplinaria internacional

Por: Peter Krieger
UNA CIENCIA DE LA IMAGEN
Por antonomasia, el agua es un tema y un problema de investigación interdisciplinaria. En el amplio espectro de las disciplinas relacionadas se encuentran también las investigaciones estéticas, pero estas últimas no se reducen a la búsqueda de la “belleza” pictórica en aquellas obras de arte que representan superficies acuáticas —mares, lagos, canales—, sino que conforman una “ciencia de la imagen” (Bildwissenschaft en alemán) que explora el potencial epistémico y las funciones discursivas de todo tipo de imagen en los debates sobre este líquido esencial para la vida en el planeta azul. Las investigaciones ecoestéticas, enfocadas en las representaciones visuales del agua, en el pasado y el presente, constituyen un conocimiento diferente, estimulante y complementario de los estudios de la ingeniería hidráulica o de la ecología, por ejemplo.

En tiempos de crisis ambiental —las Naciones Unidas (2026) han declarado una “bancarrota hídrica” a nivel global https://news.un.org/es/story/2026/01/1541043— conviene reflexionar sobre los modos de percepción y visualización de esta coyuntura, para conocer los principios de la necesaria concientización colectiva sobre este tema y problema clave. Las imágenes no sólo documentan los fenómenos críticos, como la desertificación de paisajes agrícolas o las inundaciones de ciudades, sino que fungen como estímulos y catalizadores para desarrollar alternativas resilientes al omnipresente mal manejo del agua.

Muchas fotografías de lagos desecados, en donde se quedó atrapado un barco, o de dramáticas escenas de ciudades inundadas, en especial de barrios pobres, con sus habitantes desesperados ante la pérdida de su patrimonio, circulan en las redes digitales o en los periódicos impresos. Ejemplo de ello son las fotografías en la prensa (Krieger, 2015) y también los videos documentales en la televisión que exponen, con toda crudeza, las inundaciones cíclicas en el este de la Ciudad de México, en las colonias populares que se construyeron sin control administrativo, urbanístico o ecológico sobre los llanos de lo que fueran lagos en la Cuenca de México.


 
Contraste social en Santa Fe, Ciudad de México.
 Oscar Ruiz

Más allá de su posible uso sensacionalista —la llamada disaster porn—, estas imágenes constituyen la memoria visual del mundo y se relacionan con la herencia pictórica de épocas anteriores a la fotografía. Dos ejemplos en México pueden ilustrar este hecho: en la obra temprana del gran paisajista José María Velasco registramos ya el cambio continuo de una ciudad lacustre a un altiplano gradualmente desecado, y en la vasta obra del grabador José Guadalupe Posada encontramos xilografías que ostentan el presunto progreso de las obras hidráulicas durante el porfiriato, a finales del siglo XIX: el centro de la ciudad inundado (Krieger, 2007).

Las inundaciones cíclicas que padece la ciudad no son “catástrofes naturales” en sí; son catástrofes generadas por los seres humanos, como, por ejemplo, el establecimiento y el desarrollo de ciudades sobre topografías inadecuadas, sean lechos secos de antiguos lagos o fallas geológicas.


 
Inundación del Viaducto Miguel Alemán, México D.F. 
 Alfredo Domínguez, La Jornada, 17 de abril de 2011

Es este un conflicto paradigmático que se remonta a las tempranas fundaciones de asentamientos humanos propias de la Revolución Neolítica hace aproximadamente nueve mil años: el progreso de la civilización humana con la creación de ciudades, que garantizan condiciones estables para sus moradores, altera y daña seriamente los paisajes naturales, en gran parte por el control del agua por medio de canales y diques, así como por la contaminación de las aguas con heces fecales y basura. Sin duda, la Cloaca Maxima en la Roma antigua significó un progreso enorme en el manejo hidráulico de las ciudades, igual que los programas sanitarios de las urbes europeas a finales del siglo XIX; no obstante, cada paso adelante en la historia de la ingeniería hidráulica representaba, al mismo tiempo, un retraso en el cuidado de los ecosistemas. Muchos de los programas ingenieriles para controlar los flujos del agua no resolvieron los problemas; por el contrario, los agravaron: la fuerza vital y anárquica de los flujos del agua resulta indomable para el Homo faber (según la definición antropológica, el hombre creador que domina su entorno con el saber ingenieril y tecnológico).

Ejemplo de ello son los asentamientos humanos en la Cuenca de México, una cuenca endorreica con su antiguo sistema de lagos sin salida natural. Aunque con cierta frecuencia se elogia el “equilibrio” de la ciudad lacustre de Tenochtitlan con sus entornos naturales, se ha constatado que, desde la fundación de los asentamientos mesoamericanos hace cinco mil años, la cuenca nunca ha sido el lugar idóneo para un asentamiento (Brokmann Haro, 2025); sin embargo, esta tendencia no sustentable se ha desarrollado desde la Conquista española hasta llegar al extremo del ecocidio acuático de la megalópolis mexicana en el siglo XXI (Krieger, 2025).

LA INVESTIGACIÓN ECOESTÉTICA
Para comprender esta conflictiva ecohistoria de la Cuenca y de la Ciudad de México, contamos con investigaciones geológicas, arqueológicas, urbanísticas, a las que se suman las estéticas, que expresan este acontecer y la situación actual en imágenes que requieren un análisis detallado, con los métodos de la historia del arte convertida en Bildwissenschaft, que revisa las construcciones visuales, su iconografía y su comunicación a los públicos interesados y afectados.

Dos casos ilustran y ejemplifican el tema, el problema y su interpretación.

Una fotografía publicada en la prensa en abril de 2011 en el entonces Distrito Federal (hoy CDMX), presenta una instantánea de las fuertes lluvias que provocaron la inundación parcial del Viaducto Miguel Alemán. La construcción visual de la toma es desde una perspectiva terrestre, la de un afectado por las inundaciones; no es la vista aérea de control, privilegio de los gobernantes, que ordenan vuelos en helicóptero para “supervisar” los escenarios catastróficos, sin mojarse la ropa como los ciudadanos y las cuadrillas de rescate (Krieger, 2015). Es una toma nocturna, con sólo algunos puntos del alumbrado, lo que aumenta el efecto dramático. El elemento narrativo sobresaliente es una valla de contención en la autopista urbana que se proyecta horizontalmente en la imagen, un elemento por demás absurdo, disfuncional en esta situación crítica en la que la avenida aparece intransitable. Debajo de esta estructura metálica fluyen las aguas pluviales sobre las banquetas —en términos iconográficos puede verse como una interpretación contemporánea del motivo bíblico del diluvio, establecido en México por la religión dominante desde la Conquista— (en otros países y regiones del mundo existen similares narraciones religiosas que simbolizan la historia natural del planeta en sus fases de crisis). 

Este motivo reanima la llamada estética de la catástrofe en la pintura europea del siglo XVII, donde inundaciones, tormentas y otros fenómenos climáticos extremos se presentaban como una atracción estética, apreciable desde la distancia segura de los museos o salones privados —lo que el filósofo Hans Blumenberg llamó “naufragio con espectador”—. Es también uno de los principios del taquillero cine-catástrofe hollywoodense. El “gusto” del público por la afectación brutal de otros ciudadanos, aquellos que se hundieron en sus automóviles en el Viaducto, también se comprende como disaster porn, en el que los espectadores o los lectores de un periódico se excitan con la miseria de los otros. 

ESTE AMPLIO FONDO DE FOTOGRAFÍAS DE PRENSA CON MOTIVOS DE INUNDACIONES DE VIALIDADES FUNCIONAN COMO CONTRAIMÁGENES DE LA PROPAGANDA ESTATAL

Desde el punto de vista iconológico se trata de un motivo ya mencionado por el poeta Horacio en la Antigüedad: la “revancha de la naturaleza”, ya que hablamos del regreso violento de la ciudad lacustre, justo en una vialidad construida sobre el Río —entubado— de la Piedad. Lo que en su momento significó progreso por obras hidráulicas e infraestructurales se convirtió en un desastre.

Este amplio fondo de fotografías de prensa con motivos de inundaciones de vialidades —e incluso de los cíclicos derrumbes en colonias populares durante la temporada de lluvias— funcionan como contraimágenes de la propaganda estatal; por ejemplo, las fotografías de un libro representativo del Departamento del Distrito Federal (DDF, antes de su reorganización como Gobierno del DF y, hoy, como CDMX), en el que aparecen tomas del entonces regente de la ciudad con el presidente de la República, inspeccionando en un Jeep los enormes tubos del Interceptor del Poniente que en la década de 1960 se promovió como máximo progreso ingenieril (Gurza, 1964; Krieger, 2015).

Estas fotografías propagandísticas se integran a un extenso fondo de imágenes afirmativas de los correspondientes regímenes políticos, en todo el mundo y en todos los tiempos. Basta citar la propaganda visual de las grandes —y finalmente fracasadas— obras hidráulicas del porfiriato en México o, en el ámbito internacional, del dictador italiano Benito Mussolini, quien mandó desecar las Lagunas Pontinas a partir de 1928, una obra de infraestructura que causó un severo daño ambiental, pero que fue elogiada como control de los humedales y los flujos del agua. Con esta ficción de control, visualizada en documentos fotográficos, Mussolini retomaba una noción de Nicolás Maquiavelo, quien a inicios del siglo XVI perfiló el control del agua como metáfora del control de los ciudadanos. Abundan en la historia global obras hidráulicas cuya ideología se sustenta en la teoría política de Maquiavelo —y también son muchas las ilustraciones que documentan estos proyectos—. Existe toda una iconografía política sobre el tema del agua que sirve para reafirmar el sistema político correspondiente, en monarquías, dictaduras, incluso en las democracias (en estos casos, determinada por tecnócratas). Ningún político en el mundo, a lo largo la historia de la civilización, puede resistir la tentación de presentarse como vencedor de los flujos anárquicos del agua.

Sin embargo, como mostré en el caso de la fotografía del Viaducto inundado, abundan también contraimágenes del progreso unidimensional de la ingeniería hidráulica no sustentable. Nota bene: por supuesto, en la actualidad hay propuestas con inteligencia ambiental, como el tratamiento de aguas residuales por vía biológica [ver pp. 310 en este número] o la propuesta urbanística de la “ciudad esponja” (Krieger, 2021) [ver pp. 276 en este número]. En contra de la hegemonía mediática de los políticos irresponsables y sus ingenieros, con sus empresas de construcción, existen y circulan fotografías de los lugares del crimen ambiental acuático. Entre ellas, por ejemplo, de las inundaciones del Centro Comercial Artz, cuya construcción destruyó uno de los últimos remanentes del Pedregal de San Ángel en CDMX, zona de alta bio y geodiversidad que surgió después de la erupción del volcán Xitle en el siglo iii de nuestra era. Si bien, los inversionistas, así como las autoridades de CDMX, es decir, el entonces jefe de gobierno y la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi), celebraron esa megainserción comercial en un valioso ecosistema, la realidad reveló otra faceta, su carácter destructivo: con las fuertes lluvias en 2016 y 2022, el río Magdalena cobró fuerza e inundó las partes bajas de este centro comercial. Además, por unos cálculos erróneos de la empresa Sordo Madaleno (que llevó a cabo el diseño arquitectónico, la ingeniería y el desarrollo inmobiliario a la vez), en 2018 se derrumbó una parte de la fachada, hecho que dejó una impresión mnemotécnica entre la población capitalina de que este proyecto no sustentable sufre un proceso de autodestrucción continuo.

NINGÚN POLÍTICO EN EL MUNDO, A LO LARGO LA HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN, PUEDE RESISTIR LA TENTACIÓN DE PRESENTARSE COMO VENCEDOR DE LOS FLUJOS ANÁRQUICOS DEL AGUA

No tan obvia es la crítica ambiental sobre otro centro comercial en CDMX por medio de la fotografía. A primera vista parece un logro ambiental e incluso atmosférico poner un espejo artificial de agua en las instalaciones del consumo globalizado y estandarizado en Coyoacán. En términos mercantiles, este “lago” artificial estimula, con éxito, el consumismo en este centro llamado Oasis. Parece adecuado llamar “oasis” a un enclave del consumo dentro del desierto megalopolitano. La sustancia acuática otorga un microclima fresco y una estética agradable —al parecer, condiciones favorables para los clientes de los sectores medios y altos—. No obstante, justo ahí reside el problema, ya que sólo un sector económicamente consolidado es capaz de disfrutar este microclima, mientras la población marginada de la ciudad vive en condiciones adversas, con extrema escasez de agua, poca vegetación y burbujas de calor; además de hacer sus compras no en los espacios climatizados de un “oasis” artificial del consumo, sino en un mercado de la calle, bajo el sol ardiente.

Situaciones como estas comprueban la hipótesis de que el agua es una sustancia que fomenta la extrema segregación en CDMX y en otras megaciudades del sur global. Un sinnúmero de fotografías —por ejemplo, la comparación entre el riego abundante del pasto en un jardín particular de una mansión en Las Lomas de Chapultepec, con las calles polvorientas de Iztapalapa, por donde transita la pipa de agua— ilustra este problema socioambiental.

Empero, no hay garantía de que la percepción de estas situaciones críticas y sus representaciones visuales generen una conciencia ecológica. Los felices consumidores en el “oasis” aplican el modo psicológico de la disonancia cognitiva: reconocen, quizás, los graves problemas de la megaurbe, como el manejo no sustentable del agua, la contaminación atmosférica e incluso la organización socioterritorial excluyente, pero disfrutan llegar en sus camionetas opulentas y contaminantes al oasis de consumo para sumergirse en los mundos artificiales, brillantes del centro comercial con su lago artificial.

En consecuencia, el acto de visualizar los problemas ambientales en torno del agua no es un proceso lineal de ilustración, sino que requiere el apoyo analítico y el impacto educativo de los estudios ecoestéticos.


 
Centro Comercial Oasis, Coyoacán, CDMX. 
  Ximena Gómez

ACUÁPOLIS E INTERDISCIPLINA
Concluyo esta breve reflexión sobre la crisis de la acuápolis, la anterior ciudad lacustre que se convirtió en un territorio desecado y sellado con asfalto y concreto, con una breve relación de los proyectos interdisciplinarios de la UNAM en los que la Bildwissenschaft contribuye con metodologías y conocimientos innovadores al análisis de los temas y problemas ambientales, vigentes en la época geocronológica actual —establecida por Crutzen (2002), pero no aceptada por la Comisión Internacional de Estratigrafía— del Antropoceno.

Se trata de proyectos, propuestas que se basan en la contemplación, observación y conceptualización estética de la naturaleza, que producen una cognición sensorial por medio de la imagen y con ello generan resultados inesperados y propositivos dentro de un esquema de investigaciones interdisciplinarias sobre el medio ambiente.

Uno de los múltiples proyectos del Programa Universitario de Estudios Interdisciplinarios del Suelo (PUEIS, https://pueis.cic.unam.mx/) es el proyecto sobre el Bosque de Agua (publicación en preparación), que tiene una vital importancia para el futuro próximo de CDMX y su zona conurbada, en cuanto a la condición hidrográfica de la Cuenca de México. Esta zona es clave para la recarga hídrica de los mantos acuíferos, desde los cuales se extrae el agua potable por pozos. Son suelos de conservación donde se filtra el agua de las lluvias. Sin embargo, sobre estos suelos de valor ambien-tal surgen autoconstrucciones ilegales que sellan las superficies naturales y obstaculizan los ciclos hídricos. He ahí la contribución de la ecoestética: capturar las interferencias antropógenas en la imagen fotográfica, analizarlas y difundirlas como medio de educación ambiental.

Parte del problema es el abasto circular del agua extraída de los campos agrícolas del oeste del Estado de México, consumida y contaminada en CDMX y luego “exportada” como aguas negras al Valle del Mezquital, al este de la cuenca. Las múltiples imágenes de campos desecados y sumamente contaminados forman parte de la estética del Antropoceno, en el que el ser humano despliega una fuerza casi geológica sobre los paisajes naturales. Pero muchos consumidores del agua en la ciudad, que riegan la vegetación ornamental, exótica de sus jardines privados, o que lavan sus coches con cantidades excesivas de agua, carecen de consciencia de las consecuencias de su actuación irresponsable —sólo abren la llave, pero no reflexionan sobre la problemática sistémica ambiental—. En contra de tal ignorancia omnipresente se lanza la misión educativa de la ecoestética, que reclama el derecho a la ciudad lacustre y su Bosque de Agua.

Otro proyecto con una contribución desde la geoestética, una subcategoría de la ecoestética (Krieger, 2022) es GeoCity (SECIHTI e Instituto de Geofísica, entre otras dependencias de la UNAM), que investiga los pedregales remanentes del sur de CDMX, en donde se habían extendido unos ochenta kilómetros cuadrados de campos lávicos, de los cuales sólo permanecen 2.64 kilómetros cuadrados en la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA), y pocos fragmentos más. El impacto de la hiperurbanización en la Cuenca de México ha generado una situación dramática para este ecosistema de esencial importancia, también, para la constitución hidrográfica, por la filtración de las aguas pluviales. Además de las funciones ecosistémicas, sus calidades urbano-estéticas hacen, también, de la restauración de los pedregales un objetivo relevante, que incluye a la arqueología de los vestigios de la alta cultura mesoamericana de Cuicuilco.

Y, last but not least, la REPSA (http://www.repsa.unam.mx/), espacio extraordinario a nivel mundial, preservado como reserva a partir de 1983 por las autoridades de la UNAM, es un campo de investigación interdisciplinaria, en el que la ecoestética incluso genera conceptos e iniciativas para su conservación integral, por ejemplo, en torno del problema del abuso de la naturaleza silvestre como depósito ilegal de basura (Krieger, 2026), que también afecta, en procesos lentos pero persistentes, a los mantos acuíferos de la Cuenca de México, en sus áreas volcánicas. Se han analizado fotos documentales de la REPSA como imágenes de la escena del crimen ambiental, perfilando el concepto de la ecoestética como ciencia forense.

Todas estas ideas e iniciativas de investigación ecoestética sobre el agua también se amplían a la escala mayor de los paisajes y como parte de un esquema de comparación internacional. En concreto, ya está en marcha un proyecto de investigación bilateral con la Education University de Hong Kong (ver https://www.rccapv.com/about-rccapv https://www.rccapv.com/about-5), que analiza la iconografía política de las presas y su propaganda visual, tanto en China como en México durante la segunda mitad del siglo XX.

Como he mencionado antes, al menos desde tiempos de Maquiavelo el control del agua es un asunto político que recibe su legitimación por medio de la imagen propagandística. Y también en este caso surgen contraimágenes, por ejemplo, en las pinturas e instalaciones del artista sobresaliente en China, Shan Yang, uno de los pioneros y protagonistas del arte ecocrítico en su país. No sólo la fotografía documental, sino también el lenguaje abstracto del arte conceptual es capaz de generar provocaciones productivas para las reflexiones interdisciplinarias sobre la condición crítica del manejo no sustentable del agua en muchas partes del mundo.

Esta colaboración en curso reclama la importancia de los estudios de la imagen en contextos políticoambientales, además de fomentar proyectos innovadores a nivel internacional, en este caso con colegas de Hong Kong, apoyados por la sede de la UNAM en China.


 
Instalación artística, Shan Yang, Beijing, 2015.
 Peter Krieger

Peter Krieger, curador, es doctor en Historia del Arte por la Universidad de Hamburgo, investigador en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM y profesor en los posgrados de Arquitectura e Historia del Arte. Fue vicepresidente del Comité Internacional de Historia del Arte (CIHA/UNESCO, 2004-2012). Investigador invitado al proyecto Transcultural and Transhistoric Efficiencies of the Baroque Paradigm de la Universidad de Ontario Occidental (2007 a 2014). En 2016 obtuvo la reconocida cátedra Aby Warburg de la Universidad de Hamburgo. Sus investigaciones y publicaciones versan sobre estética, historia, teoría e iconografía política de ciudades y paisajes. Es uno de los pioneros de la geoestética, basada en la herencia conceptual de Alexander von Humboldt.

Referencias
Brokmann Haro, Carlos (2025). Entre lagos y cerros. 5 000 años de vida y paisaje ecológico en la Cuenca de México. México: Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM.

Crutzen, Paul J. (2002). “Geology of Mankind”. Nature 415. https://www.nature.com/articles/415023a.

Gurza, Tomás (Ed.) (1964). La ciudad de México. Departamento del Distrito Federal. 1952-1964. México: DDF.

Krieger, Peter (Ed.) (2007). Acuápolis. México: Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM.

Krieger, Peter (2015). “Eco-estética e historia del agua en la mega ciudad de México: conceptos y temas”. En Noelle, Louise, & Wood, David (Eds.), XXXVII Coloquio Internacional de Historia del Arte. Estética del paisaje en las Américas. México: Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM. https://librosoa.unam.mx/handle/123456789/1787.

Krieger, Peter (2021). “Ciudad esponja. Un escenario pospandémico”. Bitácora Arquitectura 46. https://www.revistas.unam.mx/index.php/bitacora/article/view/79031.

Krieger, Peter (2022). “Preserving geodiversity in Mexican hyper urban conflict zones: A geo-aesthetic approach”. International Journal of Geoheritage and Parks 125. https://doi.org/10.1016/j.ijgeop.2022.08.010.

Krieger, Peter (2025). Basura en la naturaleza. Iconografía política, historia de las ideas y análisis forense de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, en Ciudad de México. México: Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM. https://www.ebooks.esteticas.unam.mx/items/show/95.

Naciones Unidas (20 de enero de 2026). “El agua se agota: la ONU declara la ‘bancarrota hídrica’ de un planeta que vivió a crédito”. Noticias ONU. https://news.un.org/es/story/2026/01/1541043.
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