Experiencias   
31 de marzo de 2025

Todo empezó mirando al cielo. La trayectoria de una astrónoma mexicana hacia los agujeros negros supermasivos

Por: Donaji Esparza
Mi interés por la astronomía inició en mi niñez, en un pequeño jardín donde solía refugiarme cuando el mundo me parecía abrumador. Allí, debajo de un pequeño nogal, me preguntaba qué había más allá del azul y por qué en las noches aparecían puntos brillantes en el cielo. Algunas respuestas llegaron a mis once años, durante el verano, en un taller sobre el Universo en la biblioteca pública de Saltillo, Coahuila, mi ciudad natal. Aquella experiencia no sólo respondió algunas de mis preguntas sino que despertó muchas más sobre lo que nuestros ojos no pueden ver. Ese verano marcó mi vida y definió muchas de mis decisiones futuras. Lo que comenzó como curiosidad infantil se convirtió en una vocación que me llevó a cruzar el Atlántico diecinueve años después, para comenzar a ejercer mi carrera profesional como astrónoma con un contrato postdoctoral.

Mi camino profesional hacia la astronomía comenzó aprendiendo el lenguaje y las herramientas del Universo: las matemáticas y la física. A los diecisiete años ingresé a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Autónoma de Coahuila para estudiar física. Desde el primer día supe que este camino exigía valentía: éramos menos de quince estudiantes, sólo tres mujeres y yo era la más joven. La disciplina y la dedicación fueron esenciales para comprender desde cálculo y geometría, hasta mecánica cuántica y electromagnetismo. Tener cimientos sólidos es básico para avanzar en el conocimiento de nuestro entorno.

Aprender a ser paciente fue el siguiente reto. A la mitad de mi carrera mi interés se amplió hacia la física de materiales y esta experiencia me permitió involucrarme por primera vez en la investigación. Sin embargo, un programa de becas de verano me llevó al Departamento de Astronomía de la Universidad de Guanajuato, donde no sólo recordé mi verdadera pasión; también descubrí los agujeros negros supermasivos (AGN). Un año después acepté una beca para regresar a Guanajuato y desarrollar mi tesis de licenciatura. 

Para no perderte, necesitas un guía en el camino. En enero de 2014 fui aceptada en el posgrado de astronomía de la UNAM con una beca de CONACyT. En el instituto conocí a la doctora Deborah Dultzin, pionera en el estudio de quasares en México, quien se convirtió en mi asesora. Un año después conocería a mi segunda asesora, la doctora Omaira González Martín, experta en estudio de AGN a través de registros infrarrojos y de rayos X. Mi investigación de maestría se enfocó en cómo los AGN afectan la formación estelar, para lo que utilicé datos del Gran Telescopio de Canarias (GTC), localizado en la isla de La Palma, España. Los resultados no sólo fueron parte de mi tesis de grado; también dieron lugar a mi primera publicación como investigadora principal en la revista internacional The Astrophysical Journal

Cada paso debe darse con seguridad. Tras una pequeña pausa para fortalecer mis conocimientos y definir el rumbo de mi investigación, ingresé al doctorado en astronomía, donde continué trabajando con mis asesoras, ahora en el Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM (IRyA) en Morelia. Desarrollé una nueva investigación enfocada en entender el comportamiento del gas y el polvo de los AGN, por medio de observaciones en rayos X e infrarrojo. Los principales resultados de nuestra investigación fueron publicados en tres artículos en revistas internacionales de astronomía. 

En la academia abrirse a nuevas experiencias es fundamental. El doctorado me permitió crecer profesionalmente en el campo de la astronomía. La asistencia a congresos internacionales en Europa y estancias en países como Australia y España fueron claves para mi desarrollo. Aunque presentar mi trabajo en inglés a otros colegas fue un reto, esto me enseñó a colaborar con otros grupos e impulsar mi investigación. 

Mi siguiente lección fue aprender a no darme por vencida y seguir intentando. Seis meses antes de terminar el doctorado comencé a solicitar postdoctorados y enfrenté múltiples rechazos antes de conseguir una estancia en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), España, con la doctora Begoña García-Lorenzo. Tras dos meses de trabajo, ella me ofreció un contrato postdoctoral para unirme al equipo español que desarrolla el instrumento HARMONI, que es un espectrógrafo óptico e infrarrojo, complejo,  encargado de acondicionar la luz recibida por el telescopio para que pueda ser analizada según las necesidades que se tengan. Junto al equipo desarrollé una técnica innovadora para medir la turbulencia atmosférica en tiempo real, optimizando la selección de objetos a observar durante cada noche. Actualmente, esta técnica empieza a ser implementada en algunos observatorios internacionales como el Very Large Telescope en Chile. 

Aprender a ser independiente, pero seguir manteniendo las colaboraciones te permite expandir tus propios conocimientos. Poco más de un año después de llegar a Canarias obtuve el contrato “Juan de la Cierva”, que me permitió desarrollar mi propia investigación y unirme a la colaboración internacional de profesionales de la astronomía, GATOS, que accede a datos del Telescopio Espacial James Webb. Mi investigación analizó la distribución del gas en la galaxia MCG-05-23-16 que alberga un AGN, revelando cómo contribuye éste con su la estructura. La colaboración también me permitió involucrarme en otras investigaciones que explotaban estos nuevos datos. 

Ahora he regresado a México para realizar un tercer postdoctorado en el IRyA, financiado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti). Mi investigación está enfocada en explotar los datos de los nuevos satélites JWST y XRISM para seguir estudiando los AGN y su entorno. 

Mi estancia fuera de México impulsó mi carrera profesional, pero también afectó mi bienestar emocional. Aprendí la importancia de un entorno laboral saludable y del equilibrio entre lo profesional y lo personal. Ser mujer en la ciencia significa enfrentar desafíos y romper barreras sin perder de vista nuestros objetivos. Avanzar con determinación es fundamental para nosotras. Equivocarse es parte del aprendizaje, pero lo verdaderamente valioso es la capacidad de adaptarse, mejorar y seguir adelante con firmeza y convicción. 
Donaji Esparza es una astrónoma mexicana. Originaria de Saltillo, Coahuila, estudió la licenciatura en física en la Universidad Autónoma de Coahuila, la maestría en astrofísica en el Instituto de Astronomía de la UNAM y el doctorado en radioastronomía y astrofísica en el Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM. Sus investigaciones se enfocan en los agujeros negros supermasivos y la relación que estos tienen con su galaxia anfitriona. En su tiempo libre disfruta el senderismo y el campismo.
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